miércoles, 19 de octubre de 2016

La ocupación se sostiene porque el mundo se niega a actuar



+972.mag

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.


Transcripción de las declaraciones preparadas por el director ejecutivo de la organización B'Tselem, Hagai El-Ad, entregadas a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU durante una sesión especial “fórmula Arria” sobre “Los asentamientos israelíes, obstáculos para la paz y la solución de dos estados”, en Nueva York, el 14 de octubre de 2016.


Hagai El-Ad


Señores miembros del Consejo de Seguridad, damas y caballeros,

Antes de comenzar, me gustaría expresar mi más profundo agradecimiento por esta oportunidad única de hablar en este distinguido foro y colaborar con los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU.
Lo que estoy a punto de decir no tiene la intención de darles una sacudida eléctrica. Tiene, sin embargo, la intención de movilizarlos.
Durante los últimos 49 años –bien contados- la injusticia conocida como ocupación de Palestina y el control israelí de la vida de los palestinos en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, se ha convertido en parte del orden internacional. El primer medio siglo de esta realidad se cumplirá pronto. En nombre de B'Tselem, el Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados, les ruego hoy que tomen medidas. Cualquier cosa por debajo de la acción internacional decisiva no logrará nada, pero marcará el comienzo de la segunda mitad del primer siglo de la ocupación.


Damas y caballeros,

¿Qué significa, en términos prácticos, pasar 49 años, toda una vida, bajo un gobierno militar? Cuando estalla la violencia o cuando los incidentes particulares atraen la atención mundial se obtiene una visión de ciertos aspectos de la vida bajo la ocupación. ¿Pero qué pasa con el resto del tiempo? ¿Qué hay de los muchos días "ordinarios" de ocupación -17.898 días- que son igual de duros? Vivir bajo un régimen militar significa violencia y burocracia invisibles casi todos los días. Significa vivir bajo un régimen de permisos interminables que controlan la vida palestina de principio a fin: Israel controla el registro de la población, Israel controla los permisos de trabajo, Israel controla quién puede y quién puede viajar al extranjero, Israel controla quién puede y quién no puede llegar de visita desde el extranjero. En algunos pueblos Israel mantiene listas de quienes pueden visitarlo o a quienes se permite cultivar qué campos. A veces se les niegan los permisos que, por otra parte, hay que renovar continuamente. De manera que en cada respiración los palestinos respiran la ocupación. Hacer un movimiento en falso significa que pueden perder su libertad de movimientos, su medio de vida e incluso la oportunidad de casarse y formar una familia con la persona que aman.
Mientras tanto, y siempre presentes, están los asentamientos y los colonos. Son ciudadanos israelíes que viven, al parecer, en una democracia del primer mundo que de alguna manera existe sólo para ellos más allá de las fronteras de su país. La empresa de los asentamientos, siempre en expansión a pesar de su ilegalidad, está por todas partes en la Ribera Occidental y en Jerusalén oriental. Los asentamientos abarcan las áreas urbanizadas, así como las generosas asignaciones de tierra alrededor de ellas destinadas a la futura expansión o "zonas de seguridad especial". Conllevan los puestos de control para los palestinos y las carreteras de circunvalación para los colonos, significan la barrera de separación. Y, por último, la fragmentación de Palestina en cientos de comunidades aisladas, flotantes -o más bien debería decir que se hunden lentamente- en el mar de la dominación israelí, ¿quién puede merecer soportar tales condiciones desde hace medio siglo?


Damas y caballeros,

Israel considera legales casi todos los aspectos de esta realidad. El control sobre la vida de los palestinos de Israel es único por la atención cuidadosa que la potencia ocupante pone en la letra de la ley mientras estrangula su espíritu. La ocupación ha perfeccionado muy bien el arte de diluir el derecho internacional humanitario y las leyes de derechos humanos hasta despojarlos prácticamente de sentido. Una vez que los abogados militares, los abogados del Estado y los jueces de la Corte Suprema cincelan con maestría sus opiniones legales, todo lo que queda es una cruda injusticia.
Muéstrenme un palestino cuya muerte se explica para garantizar la impunidad y allí encontrarán una opinión aprendida por el Procurador General Militar israelí.
Muéstrenme a los 100.000 palestinos ignorados y abandonados al otro lado del muro de separación construido en Jerusalén Este y les recordaré que incluso esta injusticia evidente fue preaprobada por el Tribunal Superior de Justicia de Israel.
Muéstrenme una parcela de tierra palestina que deseen tomar y la Administración Civil llegará con el mecanismo legal adecuado a la medida -¡Por supuesto todo debe ser legal!- para lograr ese fin: zonas militares de entrenamiento, reservas naturales, sitios arqueológicos y, sobre todo, la declaración de miles de acres como "tierra del Estado", ¿qué "Estado" exactamente? Todo esto se utiliza con éxito para desplazar por la fuerza a los palestinos y justificar que se les niegue el acceso al agua o a la red de energía.
Por supuesto este tipo de acciones israelíes no tienen éxito el 100 % de las veces. Eso sería demasiado transparente. Así que una vez cada tanto, quizás una vez cada década, un soldado de bajo rango podría ser puesto en un simulacro de proceso. Y una vez en mucho tiempo se aprobó un plan maestro para un pueblo palestino. Estas rarezas extraordinarias proporcionan distracciones útiles de la realidad cotidiana.
Con el fin de mantener la apariencia de legalidad Israel aplica el "debido proceso" a casi todo: desde la potencial alimentación forzada a los huelguistas de hambre, recientemente aprobada por el Tribunal Supremo, hasta aprobar de forma rutinaria la renovación de las órdenes de detención administrativa o ampliar el encarcelamiento prolongado sin juicio a cientos de palestinos; demoler las casas de las familias de los palestinos que perpetraron ataques. Sí, eso también ha sucedido cientos de veces, con el debido proceso y un sello de aprobación del Tribunal Supremo. Desde el año 2000 más de 4.400 palestinos han perdido sus hogares de esta manera.
Sí, Israel tiene abogados profesionales, procuradores y jueces. En realidad es una actividad muy "profesional". Ha tenido un montón de tiempo para trabajar en pro de una ocupación más perfecta. Pero no es necesario ser abogado para reconocer la injusticia. Miren la ocupación y toda la pretendida jurisprudencia existente y llámelo como lo que es: un pretexto legal para la violencia de Estado organizada.


Damas y caballeros,

Israel ha legalizado sistemáticamente violaciones de los derechos humanos en los territorios ocupados mediante la instalación de asentamientos permanentes, demoliciones punitivas de viviendas, un mecanismo de construcción y planificación sesgada, y se ha cargado la tierra palestina y mucho más. El sistema de aplicación de la ley militar de Israel -si se puede llamar así- encubre sistemáticamente cientos de casos de asesinato o maltrato de palestinos.
He aquí algunas cifras: Israel ha declarado el 20 % de Cisjordania "Tierras del Estado". Israel "generosamente" permite a los palestinos construir en la mitad del uno por ciento de la zona C, el 60% de Cisjordania que está "temporalmente" bajo control israelí desde hace una generación. En la última década Israel ha demolido unas 1.200 viviendas palestinas en Cisjordania sin contar Jerusalén Este, con lo que la falta de hogar alcanza a más de 5.500 personas, la mitad de ellas menores de edad. Las cifras de Jerusalén Este las elevarían en aproximadamente otro 50 %. En abril de 2016 había alrededor de 7.000 palestinos detenidos en Israel, una cuarta parte de ellos en prisión por la duración de sus procedimientos judiciales militares y aproximadamente un 10 % de detenidos administrativos.
Unas cifras finales: en una más de cuarta parte de las 740 denuncias remitidas por B'Tselem a las autoridades militares desde 2000 no se ha abierto ninguna investigación. En otra mitad los casos fueron finalmente cerrados sin realizar ninguna acción. Y sólo en 25 casos se presentaron acusaciones. Y tomen en cuenta esto: durante ese tiempo las autoridades militares han perdido físicamente los registros de 44 casos, más de los 25 casos que llegaron a los tribunales.
Israel insiste en que todo esto es legal bajo la ley israelí y el derecho internacional.
No lo es.
Pero este hecho es de poca importancia práctica en términos de permitir a Israel la implementación de sus políticas ya que, lamentablemente, el derecho internacional carece de mecanismos de aplicación eficaces. Y así, las políticas israelíes se implementan y avanzan cada día con mayor apoyo nacional. A pesar del amplio acuerdo internacional -incluyendo resoluciones anteriores del Consejo de Seguridad– acerca de que los asentamientos son ilegales, el único cambio medible en esta área es el creciente número de asentamientos de colonos y de los palestinos que viven a su sombra enfrentados a la demolición o el desplazamiento.


Damas y caballeros,

B'Tselem ha trabajado durante 27 años para documentar y publicar violaciones de los derechos humanos en los territorios ocupados, para analizar e interpretar los datos y reclamar local e internacionalmente sobre estos temas. No estamos abogando por cualquier resultado político específico, estamos luchando contra violaciones de derechos humanos. De hecho nos damos cuenta de cómo Israel ha utilizado con eficacia el propio "proceso de paz" para ganar tiempo -una gran cantidad de tiempo- mientras establece, en paralelo, más hechos en la tierra palestina.
La misión de B'Tselem de informar al público israelí de las maneras en que el estado oprime a los palestinos continuará siempre y cuando la ocupación continúe. Estuvimos y siempre estaremos siendo implacables en este esfuerzo, porque es nuestra obligación moral básica. Pero después de tantos años hay que sacar algunas conclusiones. Los principios morales por sí mismos no son suficientes. Israel no dejará de ser un opresor y simplemente se despertará un día y se dará cuenta de la brutalidad de sus políticas. Las décadas de falsos pretextos y recelos genuinos, intereses económicos y dogmas políticos, se han unido para prevenir esa eventualidad, mientras se presentan muy pocas razones convincentes para cambiar de rumbo.


¿Y en el mundo?

Hace seis años y medio el vicepresidente de EE.UU. Joe Biden advirtió de que "el statu quo no es sostenible". Está claro que se adelantó por lo menos seis años y medio al pronunciar dicha advertencia. El statu quo -cada vez más contrario a los intereses de los palestinos y a favor de los de Israel- ha demostrado que no sólo es sostenible, sino también próspero.
Hace casi un año la Unión Europea se embarcó en un "diálogo estructurado" con Israel, de seis meses de duración, tratando de poner fin a la demolición administrativa de viviendas en la zona C. Seis meses después el diálogo no avanzaba hacia ninguna parte y las demoliciones fueron en aumento. Sin embargo la UE decidió ampliar el tiempo para el diálogo. Si una cantidad sin precedente de demoliciones iban de la mano con un calendario ilimitado para el diálogo internacional, ¿por qué parar las demoliciones?
Claramente la ocupación es sostenible a nivel internacional. Es así porque hasta el momento el mundo se niega a tomar una acción efectiva.
En los últimos años la realidad es aún más dolorosa. El proyecto a largo plazo de Israel -que se ha hecho quizás aún más palpable que nunca- consiste en maximizar sus beneficios de la tierra palestina y reducir al mínimo las molestias de la presencia de sus habitantes. Es cierto que aunque apenas se esté medio día en la Ribera Occidental es tiempo suficiente para darse cuenta de la permanente tarea que los gobiernos israelíes tanto de derecha, centro o izquierda han desarrollado allí desde 1967. Del mismo modo algunos funcionarios israelíes retirados han dicho eso abiertamente. Más recientemente lo expuso de manera simple un exjefe del comando central que dijo: "el ejército está allí porque el Estado de Israel no tiene intención de retirarse”. Pero ahora los líderes israelíes actualmente en el poder, desde el primer ministro hacia abajo, han soltado la lengua en tiempo real y admiten esto abiertamente -con un nivel de claridad oficial- porque al parecer tienen la seguridad de que no tendrá consecuencias. ¿Era una ingenuidad tener esa expectativa? Quizás. Mientras una claridad sin precedentes en el lenguaje israelí ha estrechado la brecha entre las acciones de Israel y la retórica vacía en las negociaciones y la diplomacia, la respuesta global a, esto era otro relato más. Las demoliciones se han intensificado, por lo que el 2016 es el peor año en este ámbito. Me siento obligado a preguntar, ¿cuántas casas palestinas más deben demolerse hasta la comprensión de que las palabras se las lleva el viento y que las medidas que se toman no hacen más que indicar a Israel que puede continuar con las mismas?


Damas y caballeros,

Los derechos humanos no deben esperar más. Los palestinos tienen derecho a la vida y la dignidad, el derecho a determinar su propio futuro. Todo se ha retrasado durante demasiado tiempo y la justicia retrasada es justicia negada.
Como nos enseñó Martin Luther King Jr., "sabemos por dolorosa experiencia que la libertad nunca es dada voluntariamente por el opresor". Por lo tanto la realidad que enfrenta la comunidad internacional es la siguiente: la ausencia de una acción no sólo da efectivamente al opresor una licencia para proceder sin tener que sufrir demasiadas repercusiones, sino que además le da el poder de decidir cuándo será el momento adecuado para empezar a considerar alternativas. "Esperen", exige Israel, "ahora no es el momento adecuado". Sin embargo, "esperen” casi siempre ha significado "nunca", responde Martin Luther King Jr. "Siempre es el momento adecuado para hacer lo que es correcto". Ese momento es ahora, el tiempo para, por fin, tomar medidas. El Consejo de Seguridad de la ONU tiene algo más que el poder, ustedes tienen una responsabilidad moral -y una verdadera oportunidad- para actuar con un sentido de urgencia, antes de que lleguemos a la fecha simbólica de junio de 2017, el comienzo de la segunda mitad de un siglo de ocupación, para enviar al mundo, a los israelíes y palestinos, un mensaje claro respaldado por la acción internacional: Israel no puede obtener ambas cosas. No se puede ocupar un pueblo durante cincuenta años y llamarse a sí mismo una democracia. No se pueden violar los derechos de millones de personas y reclamar beneficios internacionales justificados por palabras huecas sobre el compromiso con los valores compartidos de los derechos humanos.
Israel es un país soberano establecido a través de la legitimidad internacional otorgada por una decisión histórica de esta misma institución en 1947. Soy un ciudadano de ese país. Es mi tierra. Durante la mayor parte de la existencia de mi país el mundo ha permitido que ocupe otro pueblo. He vivido toda mi vida, cada día de ella, con esa realidad. Millones de israelíes y palestinos no conocen otra realidad. Necesitamos su ayuda. Cincuenta años de ocupación "temporal" son demasiado largos, incluso para que una sola persona en este planeta acepte una contradicción en esos términos. Los derechos de los palestinos deben concretarse, la ocupación debe acabar, el Consejo de Seguridad de la ONU debe actuar. Y el momento es ahora.

lunes, 10 de octubre de 2016

Los israelíes no pueden reconocer el terrorismo si no se miran en su propio espejo


Haaretz


Al periodismo le gustan dramas y tragedias. Cuando el desastre es permanente ya no es un asunto, especialmente cuando la causa de este desastre somos nosotros. La rutina de calamidades que infligimos a los palestinos no existe en la realidad de Israel. Es por esto que no recibe titulares regulares y la ausencia de dichos titulares, a su vez, forma en nuestra mente una realidad en la que todo está bien. Y luego viene una realidad diferente, con gente preguntando "¿qué pasa con estos palestinos que nos están atacando de nuevo?"

Lea el artículo completo aquí.

viernes, 30 de septiembre de 2016

"‘Que en paz descanse", aunque seguramente no habrá paz que descanse en su alma

Shimon Peres




A sus 93 años murió el polaco-judío devenido a israelí desde 1948, Szymon Persky, alias Shimon Peres, nacio en Vishnia, Polonia. Sus padres impulsados por los europeos sionistas en 1934 emigraron como colonos ilegales para colonizar Palestina que estaba bajo la ocupación británica (mal llamada Protectorado). Fundador del Kibutz Alumot en el Valle del Jordan, espíritu de los actuales ilegales asentamientos judíos, Peres, en sus convicciones sionistas a sus 21 años, de la mano del terrorista David Ben Gurion, fue nombrado miembro del secretariado del partido Mapai (Laborista) y enviado como delegado juvenil al Congreso Sionista celebrado en Basilea (Suiza) en 1946 en los albores de la caída de Palestina. 
  Ese mismo año se alistó en la organización terrorista Hagana y se formó como cuadro militar activo junto con los grupos terroristas sionistas que llegaron desde Europa para desmembrar Palestina y crear Israel sobre la destrucción de 489 aldeas y ciudades palestinas y el exilio de más de 750 mil palestinos echados al mar. Peres, con su patrocinador David Ben Gurión -quien declaró unilateralmente la creación de Israel-, firmaron en 1951 con el beneplácito del Knesset israelí el 10 de septiembre de 1952 el acuerdo con Alemania para el pago de millonarias indemnizaciones económicas a Israel por las víctimas del holocausto como parte del dinero a recaudar para desarrollar el estado. Una de las tantas ignominias sionistas. Los compromisos y las reparaciones por los crímenes de lesa humanidad de los nazis debieron ser con los millones de seres humanos europeos victimas de ese flagelo y no con Israel que para ese entonces no existía.

Frente a la ceguera internacional, Persky o Peres, se convirtió en 1953 en el arquitecto que cimentó el ‘programa nuclear israelí’, logrando entre la década del ’50 y el ’60 desarrollar el poderoso ‘plan nuclear’ en la Base Atómica de Dimona en el desierto palestino ocupado de Bersheba con la ayuda de Francia, sin que la ONU, Estados Unidos y la Unión Soviética interfirieran para detener esa peligrosa base nuclear en la zona. De hecho, uno de los científicos que huyó de la misma, Mordajai Vanunu, en 1986 denunció en The Sunday Times, que “Israel poseía un poder nuclear capaz de volar la región en segundos”.
Gran apostador para convertir a Israel en un estado militarista a semejanza del semblante actual, Peres, junto con Ben Gurion en 1953, fueron los principales desarrolladores de la industria aeroespacial israelí en la compañía ‘Rafael Advanced Sytems’, reemplazando la obsoleta empresa ‘Science Corps’ o ‘Hemed’ y consagrando a Rafael entre las principales empresas de tecnología militar a nivel mundial que le permitió la superioridad durante su invasión para ocupar el resto de Palestina, la totalidad de Jerusalem, el Golán de Siria y parte del territorio libanés y egipcio en 1967 y mantener su poderío destructivo en el Cercano Oriente. 

En su carrera política desempeñó varios ministerios en los gobiernos de la terrorista Golda Meir, de Yitzhak Rabin y de Ariel Sharon, para luego convertirse en presidente de la potencia ocupante. Siendo canciller de Rabin, en 1992, Peres comenzó a tejer un doble rostro al asumir un supuesto compromiso con la paz. A pesar de estar lejos de ello, lo fue enhebrando a nivel internacional, fundamentalmente luego de convencer a Rabin de firmar el Acuerdo de Oslo en 1993 con el presidente Yasser Arafat, hombre clave en el mecanismo espurio de Peres para alcanzar el Premio Nobel de la Paz ese mismo año. 

Si bien fundó el ‘Centro Peres por la Paz’ en 1996, con sede en Jaffa (territorio ocupado en 1948), y sobreactuar con sus programas de paz, no pudo ocultar su verdadero carácter de ‘oso colonialista’ al convertirse en el canciller del hostil fundamentalista premier Ariel Sharon (responsable de crímenes de guerra), apoyándolo en la masacre de jóvenes palestinos de la ‘Intifada por Jerusalem’ en 2001. Aún más grave, fue consentir que Netanyahu cercara militarmente en la Muqata’a (presidencia en Ramallah) al presidente del Estado de Palestina, Yasser Arafat, a partir del 1° de diciembre de 2001 hasta lograr envenenarlo en 2004 con la complicidad de algunas manos palestinas llagadas de traición. 

Tanto Sharon como Peres murieron sin ser juzgados por sus crímenes de lesa humanidad contra el pueblo palestino y el magnicidio de Arafat, algo que la Autoridad Nacional Palestina contribuyó a silenciar en estos 12 años. 

La felonía de Peres, en su cruel estrategia de lograr el Nobel de la Paz en medio de la tragedia de la población palestina, fue dinamitado por los propios miembros del Comité Nobel noruego. Molestos con Shimon Peres, se lamentaron de haberle concedido el galardón. Uno de los cinco miembros del Comité, la fallecida ex parlamentaria noruega de la Izquierda Socialista, Hanna Kvanmo, apesadumbrada por el mar de sangre desencadenado por Sharon y Peres en Palestina, el 10 de abril de 2002, le dijo a la ‘Agencia Oslo’ de Noruega: “Desearía que fuese posible que pudiéramos retirar el premio...Lo que está ocurriendo hoy en Palestina es grotesco e increíble. Peres es responsable, en tanto que es miembro del gobierno. Ha expresado su acuerdo con el primer ministro Ariel Sharon. Si no hubiera estado de acuerdo con Sharon habría debido retirarse del gobierno”. Mientras, otro de los miembros del Comité, el ex premier noruego Odvar Nordli, declaró en el diario ‘Dagsavisen’: “Peres no ha estado a la altura de los ideales de 1994, es decir, su apoyo a todas las medidas de paz y el deseo de coexistencia”. 

A sus avanzados 84 años, en 2007, Peres, asumió la presidencia de Israel hasta julio de 2014, avalando con firmeza guerrera la furia salvaje desatada por el premier Ehud Olmert y Benjamín Netanyahu, en sus criminales invasiones contra la Franja de Gaza durante las sangrientas operaciones ‘Plomo Fundido’ en 2008 y ‘Pilar Defensivo’ en 2012 respectivamente. 

La explotación del Holocausto monopolizado como un escudo ideológico en los planes sionistas, muy bien abarcado por Shimon Peres, le sirvió para reasegurar la prepotencia israelí desde su fundación frente a la distracción fraudulenta de la comunidad internacional y la abulia de Estados Unidos, Rusia y la ONU.
Como palestino refugiado, desde el preciso momento que Shimon Peres junto al establishment sionista que robaron mi tierra en 1948 y nos arrojaron al exilio, no puedo finalizar sin expresar: ‘que en paz descanse’, aunque seguramente no habrá paz que descanse en su alma.
 

Suhail Hani Daher Akel fue el primer Embajador del Estado de Palestina en la Argentina. Fue el primer Representante de la OLP en la Argentina.
 
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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miércoles, 1 de junio de 2016

Fotografías de la “normalidad” palestina

La periodista Teresa Aranguren presenta el libro “Contra el olvido” en un acto del BDS-País Valencià





¿Cuál es la realidad de la Palestina anterior a la “Naqba”, la época previa a la fundación del Estado de Israel? ¿Cómo se vivía en Palestina antes de la “limpieza étnica” de 1948, proceso que implicó la expulsión de más de 750.000 palestinos de sus hogares, la “limpieza” de cerca de 530 pueblos, 11 barrios urbanos y la implantación en estos territorios de “asentamientos” de colonos judíos? El libro coordinado por Teresa Aranguren y Sandra Barrilaro -“Contra el olvido” (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo)- aporta fotografías de aquellos tiempos previos a la “Naqba”, entre 1889 y 1948. Son testimonios gráficos de “aquella existencia que se quiso borrar”, afirman las autoras. El hecho de que esta documentación sea tan accesible como poco conocida, señala un interés en que los hechos –la historia del pueblo palestino- permanezcan en el olvido.

La propaganda israelí ha intentado sistemáticamente negar la “Naqba”. Uno de los argumentos utilizados es que se compraron las tierras a los propietarios palestinos. Para que el lector pueda hallar respuestas, el libro en el que han colaborado Bichara Khader y Johnny Mansour, aporta imágenes del Archivo Fotográfico del Hotel American Colony de Jerusalén además de álbumes de familias residentes en la zona norte de Palestina. En el libro “Bajo el olvido” también se incluyen breves textos explicativos. La periodista especializada en Oriente Medio, Teresa Aranguren, toma como fuente de referencia los censos. “Sabemos cómo era la composición demográfica de Palestina en el siglo XIX, a comienzos del siglo XX y en los años 20 y 30”, explica en acto organizado por el BDS-País Valenciá en la Facultat de Geografia i Història de València. Cuando Palestina se hallaba bajo la férula del Imperio Otomano, la población árabe no fue asimilada pero sí tuvo que pagar impuestos que requerían censos de población y registros de la propiedad de la tierra. “Sólo con mirarlos, igual que cuando se analizan los registros de la propiedad de la tierra británicos, se desmiente el argumento central israelí de la adquisición de tierras”.

La primera colonia sionista arribó a Palestina en 1878, cerca de Jaffa en torno a la franja costera. Contaron con ayuda y financiación de uno de los multimillonarios de la época, el barón Rotschild. En su inicio las colonias no lograron ser autosuficientes, de hecho contaron siempre con dinero del exterior. En ese momento, en torno al 80% de la población de palestina era de origen musulmán, el 11% cristiano y cerca del 7% judío (se trataba de judíos integrados en el tejido social palestino, hasta el punto que hablaban en árabe; no tenían nada en común con los colonos del movimiento sionista que empezaban a llegar de Europa). El estudio del proceso desmiente otro argumento difundido por la propaganda israelí: que el proyecto de Estado judío fuera una consecuencia –a modo de reparación- del Holocausto nazi. “En 1880 el mundo no conocía el nombre de Hitler”, aclara Teresa Aranguren. “El proyecto de nuevo estado va desarrollándose primero bajo el dominio otomano, y a partir de 1917 bajo control británico”. El apoyo incondicional de la gran potencia de la época, Gran Bretaña, y la financiación exterior, generosa, hicieron posible que se materializara el objetivo, más allá de los mitos sobre un movimiento sionista pionero y emprendedor.

Es cierto que en Europa surgió un movimiento –sionista- con una capacidad importante de suscitar adhesiones. Se apelaba al factor de la religión, “aunque los fundadores del estado de Israel no fueran religiosos”, matiza Teresa Aranguren. Sobre todo se infamaba un sentimiento nacionalista que estaba gestándose a favor de un pueblo y una nación judíos. Pero siempre judíos europeos. El proceso se inicia a finales del siglo XIX y culmina en una limpieza étnica por medios militares (entre diciembre de 1947 y junio de 1949). ¿Cómo puede recogerse esta complejidad histórica en un libro de fotografías de 240 páginas? “Contra el olvido” incluye fotografías de una vida cotidiana, “normal”, que los procesos de limpieza étnica arrancarán de cuajo. Instantáneas de los chicos de un colegio que forman un equipo de fútbol, excursiones de grupos de amigos al lago Tiberiades, personas que juegan poniéndose una cacerola en la cabeza… Hay fotografías, de los años 30, que muestran un cine nocturno al aire libre cerca de Hebrón, en el que las imágenes se proyectan en la pared exterior de una mezquita. También se incluyen testimonios gráficos de familias de Belén y de Ramala, con toda la diversidad de situaciones de la Palestina tradicional: por ejemplo campesinas ataviadas con su túnica. Junto a retratos de las clases medias, hay otros de mujeres trabajadoras del departamento de aduanas de Haifa, en la década de los 40. “Podían ser fotos de nuestros álbumes familiares, no somos diferentes a ellos; también hay mujeres más modernas que las mujeres árabes que actualmente vemos en Palestina”.

Teresa Aranguren es miembro del Consejo de Administración de RTVE desde 2007 a propuesta de Izquierda Unida. Cubrió como enviada especial la invasión israelí de Líbano en 1982 y desde Teherán la guerra entre Irán e Iraq. En 1990 viajó a Ammán y Jerusalén para informar de la guerra del golfo; también dio cuenta sobre el terreno de las crisis de Iraq y del conflicto entre Israel y Palestina. No sólo ha trabajado en Oriente Medio. En 1999 narró en directo los bombardeos de la OTAN en Yugoslavia. Del libro colectivo de fotografías extrae la siguiente conclusión: “No sólo Palestina no estaba vacía de población antes de la Naqba; había una sociedad compleja, con ricos y pobres, con hombres de negocios, poetas, campesinos y comerciantes”. Podían encontrarse, en un movimiento pendular, tradiciones y tendencias tanto modernas como conservadoras. Era una sociedad, en los albores del siglo XX, no muy diferente de la española, la italiana, la griega y otras de la cuenca del Mediterráneo. La propaganda de Israel consiguió ocultar esta realidad.

Otra consigna que ha cundido es la de un desierto que floreció gracias a los colonos emprendedores, judíos, aterrizados de Europa. “Pero Palestina nunca fue un desierto”, rebate Aranguren. Como otras zonas de la cuenca del Mediterráneo, cuenta con áreas semidesérticas, hortícolas, de ásperas montañas y de desierto como Neguev o Sinaí, donde las zonas desérticas hoy continúan siéndolo. Durante la fase preparatoria del libro, el arabista Pedro Martínez Montávez aportó una prueba de interés. Un libro de dos profesores de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela, que en 1875 decidieron realizar un viaje por los “lugares santos” del mundo. El texto, publicado en 1881, relata la experiencia y dedica un párrafo a la ciudad de Jaffa y sus alrededores: “Existen extensos bosques de granados, naranjos, limoneros, manzanos, cañas de azúcar y palmeras; sus preciosos jardines tienen gran variedad de plantas, huertos con toda clase de legumbres y hortalizas, regados todos con agua sacada de multitud de norias; la naturaleza es prodigiosa: posee unos extraordinarios jardines que posiblemente dan las primeras naranjas del mundo”. Es una realidad documentada, pero invisibilizada.

La periodista resalta la capacidad propagandística que tuvo desde un inicio el movimiento sionista. “Hoy la continúa teniendo”. “A ello hay que agregar la ceguera del mundo occidental y su mirada colonial”. Los oficiales del ejército británico mantenían una relación muy cercana con sectores de la burguesía palestina, `”pero ocurre que finalmente son árabes, pueblos sometidos que cuando nos interesa podemos desgajarlos de su entorno para crear un enclave occidental: eso también está en el origen del sufrimiento del pueblo palestino”. En términos todavía más claros: “Si no hubiera sido por el mandato británico (en vigor desde 1922), el movimiento sionista no hubiera tenido suficiente fuerza para desplazar a una sociedad entera”. El profesor Bichara Khader caracteriza lo ocurrido durante la “Naqba” como “sociocidio”. “Contra el olvido” termina en 1948, pero incluye diez fotografías de 1950-1951 cedidas por la UNRWA. Se aprecia cómo una sociedad que vivía en la “normalidad” terminó convertida en un territorio de refugiados.

Bichara Khader sostiene que el plan de partición realizado en 1947 por Naciones Unidas conducía inevitablemente a la limpieza étnica. En 1947 la situación en Palestina ya era explosiva. En 1936 se había producido un gran levantamiento, iniciado con una huelga general de seis meses (lo que da cuenta de una sociedad articulada) que se prolongó en forma de revueltas y partidas guerrilleras hasta 1939. Fue la primera Intifada palestina, reprimida brutalmente por las autoridades británicas y con un centenar de condenas a muerte. También se demolieron casas, prácticas de laminación que después Israel extremó. En la partición de Palestina en dos estados promovida por Naciones Unidas, al Estado judío se le asignó el 56% del territorio (básicamente la franja costera y las tierras más fértiles), mientras que al Estado árabe se le otorgó el resto (salvo un área que quedó bajo control internacional). En ese momento los registros de la propiedad de la tierra elaborados por la autoridad británica daban cuenta de una propiedad judía (del movimiento sionista en Palestina) sobre el 6,6% de las tierras, mientras que el resto correspondía a titulares árabes. Lo decisivo es que en el territorio destinado a acoger el nuevo Estado judío, la población judía no era mayoritaria y tampoco tenía la propiedad de la tierra. ¿Cómo construir entonces un estado propio? Vaciando el territorio de población palestina mediante operaciones militares, tal como sucedió entre diciembre de 1947 y el verano de 1949.

Israel también alega que la “Naqba” fue resultado de la guerra árabe-israelí declarada el 15 de mayo de 1948, y de la huida masiva de la población. Pero el contingente mayor de palestinos expulsados y las matanzas más atroces se dio en los meses previos a la declaración bélica. Por ejemplo el ocho de abril de 1948 en Deir Yassin, pueblo palestino de unos 700 habitantes al oeste de Jerusalén, donde los asesinados oscilan según las fuentes entre las 93 y las 254 personas. Ni siquiera Ben-Gurión había proclamado el nuevo Estado de Israel (14 de mayo de 1948). “La memoria es uno de los elementos clave de la resistencia del pueblo palestino, y que con más medios combaten los sistemas de comunicación de Israel”, remata Teresa Aranguren, autora del libro “El hilo de la memoria” y de la compilación de relatos “Olivo roto: escenas de la ocupación”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.