martes, 11 de julio de 2017

¿Por qué innumerables fotos y películas palestinas están enterradas en archivos israelíes?



Ofer Aderet
Haaretz

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Abd al-Qadir al-Husayni estudia mapas con sus ayudantes, entre ellos Kassim Rimawi. Guardias del cuerpo y otros combatientes están detrás de ellos. Sin fecha. Chalil Rissas (Rassass)

Fotos y películas palestinas incautadas por las tropas israelíes han estado acumulando polvo en el ejército y archivos del Ministerio de Defensa hasta que la doctora Rona Sela, restauradora e historiadora del arte, las expuso. Dice que el material presenta una alternativa a la historia sionista que negaba la existencia de los palestinos aquí.

La reacción inicial es de incredulidad: ¿Por qué se almacena este material en dependencias del ejército de Israel y en el Ministerio de Defensa? El primer elemento está marcado, en hebreo, “La historia de Palestina desde 1919”, el segundo “pinturas de los niños que van a la escuela, viven en un campo de refugiados y aspiran a volver a Palestina”. El tercero es “Descripción del maltrato del ejército israelí a los palestinos en los territorios“.

Entre todos los lugares, estos tres rollos de película de 16 mm que documentan las actividades militares y de seguridad de Israel están almacenados en el archivo central, situado en Tel Hashomer, cerca de Centro Nacional de Reclutamiento del ejército, en las afueras de Tel Aviv.

Estas tres piezas son apenas una gota en un océano de unas 38.000 películas, 2,7 millones de fotografías, 96.000 grabaciones de audio y 46.000 mapas y fotografías aéreas que han sido recogidas en el archivo del ejército desde 1948 por orden del primer ministro y ministro de Defensa de Israel David Ben Gurion. Sin embargo una lectura más detallada muestra que esta particular “gota en el océano” es subversiva, excepcional y altamente significativa.

El material en cuestión es parte de una colección -cuyo tamaño exacto y los detalles siguen siendo desconocidos- de películas “botín de guerra” incautadas por el ejército israelí de los archivos palestinos en redadas en los últimos años, aunque principalmente en la Guerra del Líbano de 1982.

Sin embargo recientemente y después de una batalla legal persistente y prolongada, las películas confiscadas en el Líbano, que habían estado acumulando polvo durante décadas -en lugar de ser proyectadas en filmotecas u otros lugares de Israel- han sido rescatadas del olvido junto con numerosas fotos fijas. La persona responsable de este acontecimiento es la doctora Rona Sela, restauradora e investigadora de historia visual de la Universidad de Tel Aviv.

Rona Sela. Sharon Bareket. “Saqueados y ocultos, archivos palestinos en Israel”. Un cartel de la película

Durante casi 20 años Sela ha estado explorando la memoria visual sionista y palestina. Tiene una serie de revelaciones y descubrimientos importantes en su haber, que se han publicado en forma de libros, catálogos y artículos. Entre los títulos en idioma hebreo están “Fotografía en Palestina / Eretz-Israel en los años 30 y 40” (2000) y “Hecho público: Las fotografías palestinas en archivos militares de Israel’ (2009). En marzo se publicó un artículo en English-language periodical Social Semiotics “La genealogía borrón del saqueo - Control de Archivos de Israel sobre los palestinos”.

Ahora Sela ha hecho su primera película, “Saqueados y ocultos, archivos palestinos en Israel”, un documental en inglés que examina el destino de fotografías y películas palestinas que fueron “capturadas” y depositadas en archivos israelíes. Incluye segmentos hasta ahora no vistos de películas incautadas por el ejército israelí de los archivos palestinos en Beirut. Estos registros documentales, dice Sela, “fueron borrados de la conciencia y de la historia” desde hace décadas.

Conseguir acceso a las películas no fue fácil, explica Sela. Su viaje por los archivos comenzó en 1998, cuando estaba investigando películas de propaganda sionistas y fotos que pretendían retratar el “nuevo judío” -musculoso, orgulloso de labrar la tierra- en contraposición -según la percepción sionista- de la figura supuestamente tosca de los árabes palestinos.

“Después de pasar unos años en el Archivo Central sionista en Jerusalén y en otros archivos sionistas, investigando la historia de la fotografía sionista y la construcción de un aparato de propaganda visual que apoya la idea sionista, empecé a buscar la representación visual palestina también, para aprender sobre la narrativa palestina y rastrear sus orígenes y la influencia“, dice la doctora.

Esa tarea era mucho más complicada de lo que nadie podría haber imaginado. En algunas de las películas y fotografías sionistas Sela pudo discernir, a veces incidentalmente, episodios de la historia palestina que fueron “infiltrados”, como dice ella. Por ejemplo, en Carmel Newsreels (tomas de prensa semanal proyectadas en los cines locales) de 1951, que muestran la colonización de los judíos en Jaffa, donde se ve bien claramente la demolición de casas árabes abandonadas.

Posteriormente Sela vio huellas y restos de un verdadero archivo palestino visual que aparecía ocasionalmente en los archivos israelíes. Esas huellas no fueron evidentes de inmediato, parecía un tesoro difícil de alcanzar, oculto aquí y allá bajo capas de restricciones, borrones y revisiones.

Un día se dio cuenta de que en el archivo de la milicia preestatal Haganah había imágenes fijas que llevan el sello de “Foto Rissas”. Buscando más profundamente descubrió la historia de Chalil Rissas (Khalil Rassass, 1926-1974), uno de los padres del fotoperiodismo palestino. Es desconocido para el público en general, tanto para los palestinos como para Israel, pero según Sela era un “audaz e innovador fotógrafo” que, motivado por un sentido de conciencia nacional documentó la lucha palestina antes de 1948.

Posteriormente se encontró con cientos de sus fotografías, acompañadas de leyendas escritas por soldados o personal del archivo de Israel que habían tratado de imponer una narrativa sionista con esas leyendas y desconectarlas de su contexto original. El propietario de las fotografías era un joven judío que las recibió de su padre, un oficial del ejército israelí que las trajo consigo como botín de la Guerra de la Independencia.

Una marcha en King George Boulevard (ahora Jerusalén Boulevard) en Jaffa. La foto sin fecha (probablemente tomada a principios de 1948) fue obtenida de la oficina de Al-Haj Ibrahim, de Haifa. Fotógrafo desconocido, archivo oficial del ejército de Israel del libro 'Hecho Público'


Obras olvidadas


El descubrimiento no tiene precedentes. En contraste con las imágenes de propaganda sionistas que exaltaban el heroísmo de las tropas judías y apenas hacen referencia a los palestinos, las fotografías de Rissas eran principalmente de combatientes palestinos, incorporan una postura palestina orgullosa, se centraron en la lucha nacional y militar y sus resultados, incluyendo el entrenamiento militar de los palestinos y el despliegue para la batalla.

“Me di cuenta de que había encontrado algo significativo, un enorme escondite de obras de uno de los padres de la fotografía palestina que había sido el primero en dar expresión visual a la lucha palestina”, recuerda Sela. “Pero cuando traté de aprender más acerca de Chalil Rissas, entendí que era un fotógrafo olvidado, que nadie sabía nada de él, ni en Israel ni en otro lugar”.

Acto seguido Sela decidió estudiar el tema por sí misma. En 1999 rastreó al hermano de Rissas, Wahib, que trabajaba como fotógrafo de turistas en el Monte del Templo / Haram a-Sharif en la ciudad vieja de Jerusalén. Él le contó la historia de la vida de Chalil. Resultó que había acompañado a las tropas y a los líderes palestinos, documentando visualmente las batallas libradas por los residentes de la zona de Jerusalén durante la Guerra de Independencia de 1948. “Era un hombre joven que eligió la cámara como instrumento para cambiar la conciencia de la gente”, dice Sela.

Alrededor de 2007 se descubrió el archivo de otro fotógrafo palestino olvidado, Ali Za'arur (1900-1972), del pueblo Azzariyeh, al este de Jerusalén. Cerca de 400 de sus fotos fueron preservadas en cuatro discos. También representan escenas de la guerra de 1948, en la que Za'arur acompañó a las fuerzas de la Legión Árabe de Jordania y documentó la batalla por la ciudad vieja de Jerusalén. Fotografió a los muertos, las ruinas, los cautivos, los refugiados y los acontecimientos del alto el fuego.

En la Guerra de los Seis Días de 1967, Za'arur huyó de su casa por un corto tiempo. Cuando regresó, descubrió que los álbumes de fotos habían desaparecido. Se supo que un pariente los había dado al alcalde de Jerusalén, Teddy Kollek, como un regalo. Después la Fundación Jerusalén los donó al archivo del ejército. En 2008, en un acto sin precedentes, el archivo devolvió los álbumes a la familia de Za'arur. La razón, presume Sela, es que los discos fueron capturados por el ejército en la batalla. En cualquier caso esto fue, hasta donde se sabe, un caso único.

Sela se animó a partir de los descubrimientos que había hecho y al darse cuenta de que “con un trabajo sistemático sería posible descubrir más archivos palestinos que terminaron en manos israelíes”.

Ese trabajo fue triple: la investigación de archivos para localizar fotografías y películas palestinas que habían sido incorporadas a archivos israelíes; mantener reuniones con los mismos fotógrafos palestinos o miembros de sus familias y localizar a los soldados israelíes que habían tomado parte en el “aprovechamiento de estos despojos visuales” y traerlos a Israel.

En el curso de su investigación, Sela se reunió con algunas personas fascinantes, entre ellas Khadijeh Habashneh, una cineasta palestina residente en Jordania que encabezó el archivo y la cinemateca del Instituto de Cine palestino. Esa institución, que existió desde finales de la década de 1960 hasta principios de los 80, inicialmente en Jordania y luego en el Líbano, fue fundada por tres cineastas palestinos pioneros -Sulafa Jadallah, Hani Jawhariyyeh y Mustafa Abu Ali (esposo de Habashneh)- que buscaban documentar la forma de vida y la lucha nacional de su pueblo. Tras los acontecimientos de Septiembre Negro en 1970, cuando el ejército jordano y la OLP se enfrentaron en una guerra intestina sangrienta, los realizadores se trasladaron a Líbano y restablecieron el ICP en Beirut.

En un encuentro con Habashneh en Amman en 2013 Sela escuchó la historia de los archivos palestinos que desaparecieron, una historia que incluye en su nuevo documental. “¿Por dónde empezar cuando fue destruido tanto material, cuando un proyecto de vida se viene abajo?”, dijo Habashneh a Sela. “Todavía puedo ver a esos jóvenes pioneros, valientes, imbuidos de ideales, revolucionarios, que crearon imágenes y películas documentando la revolución palestina que el mundo no quiere ver. Se negaron a dejarlos sin rostro y sin identidad“.

El archivo de Habashneh contenía obras olvidadas que documentaban el sufrimiento de los palestinos en los campos de refugiados, la resistencia a Israel y las batallas contra el ejército israelí, así como la vida cotidiana. El archivo contenía las películas y la materia prima de los realizadores del ICP, pero también recogió otras películas palestinas anteriores, tanto de antes como de después de 1948.

Un campo de refugiados junto al mar, de las películas saqueadas por el ejército israelí en Beirut en los años 80.

Una escuela en un campo de refugiados, de las películas saqueadas por el ejército israelí en Beirut en los años 80.

Esta actividad refleja “un espíritu de liberación y de revuelta en los días de la revolución”, dice Habashneh en la película de Sela, en referencia a los primeros años del movimiento nacional palestino. Ese espíritu fue capturado en fotografías clandestinas y con un presupuesto mínimo, en una película que se desarrolló en las cocinas de las personas, proyectada en tiendas de campaña en campos de refugiados y distribuidas en el extranjero. Se documentaron mujeres, niños, combatientes, intelectuales y personalidades de la cultura, amén de eventos de importancia histórica, relató Habashneh. “Por lo que se sabe este fue el primer archivo visual oficial palestino”, señala Sela.

En su conversación con Sela, Habashneh recordó con nostalgia otros mejores tiempos, cuando las películas palestinas fueron seleccionadas en una cinemateca de Beirut junto a otras obras con un “espíritu revolucionario”, de Cuba, Chile, Vietnam y otros lugares. “Estábamos en contacto con realizadores de otros países que vieron la cámara como un instrumento en las manos de la revolución y la lucha del pueblo”, recordó.

 
Un campo de refugiados fangoso, de las películas saqueadas por el ejército israelí en Beirut en los años 80.


“Una interesante cooperación cultural se llevó a cabo en estas zonas, centrada alrededor del cine revolucionario”, señala Sela y agrega “Beirut estaba viva, con un innovador florecimiento cultural sin precedentes, y era absolutamente sorprendente en términos de su importancia visual”.

Pero en 1982, después de que el ejército israelí entrara en Beirut, ese archivo desapareció y nunca se volvió a ver. La misma suerte corrieron dos películas realizadas por la misma Habashneh, una sobre los niños y la otra sobre las mujeres. En el documental de Sela, Habashneh pregunta en voz alta acerca de las circunstancias en las que la increíble colección desapareció. “¿Es nuestro destino vivir una vida sin pasado? ¿Sin una historia visual?”, se pregunta. Desde entonces ha logrado reconstruir una pequeña parte del archivo. Algunas de las películas se presentaron en los Estados Unidos, donde se enviaron para revelarlas. Las copias de algunas otras permanecieron en las salas de cine de varios países en los que fueron seleccionadas. Ahora, a los 70 años, Habashneh continúa su misión, a pesar de que, como le dijo a Sela durante una conversación temprana, “el destino del archivo sigue siendo un enigma”.

“Ellos nos marcaron”


Lo que Habashneh no fue capaz de lograr en un comienzo en 1982 como parte de una búsqueda en todo el mundo, Sela logró hacerlo en el transcurso de unos pocos años de investigación en Israel. Empezó por la localización de un ex-soldado del ejército que le informó acerca del día en que llegaron varios camiones al edificio en Beirut que albergaba una serie de archivos palestinos y comenzó a vaciarlo. Ese testimonio, con el apoyo de una fotografía, era crucial para Sela, ya que corroboró los rumores e historias sobre que los archivos palestinos se llevaron a Israel.

El mismo soldado añadió que se llenó de miedo cuando vio, entre las fotos que fueron confiscadas del archivo, algunas que documentaron soldados israelíes en los territorios. Él mismo aparecía en una de ellas. “Nos marcaron”, dijo a Sela.

Otro ex-soldado habló a Sela de un álbum de fotos inusual que fue obtenido de la casa de la prominente familia Nashashibi en Jerusalén, en 1948. El soldado añadió que su padre, que había servido como oficial del ejército en la Guerra de la Independencia, entró en un estudio fotográfico y se hizo con su archivo, mientras otros soldados estaban ocupados saqueando pianos y otros objetos de valor de la familia Nashashibis. Otro ex-soldado declaró haber tomado una foto del cadáver de un árabe. Con el tiempo todas estas imágenes encontraron su camino en los archivos en Israel, en particular, en el archivo del ejército.

En 2000 Sela, impulsada por sus primeros hallazgos, solicitó permiso de ese archivo para investigar los materiales visuales que habían sido tomados por el ejército en la década de 1980. La respuesta inicial fue negativa: el material no estaba en manos de Israel, le dijeron.

“Pero yo sabía lo que estaba buscando, porque tenía testimonios de los soldados”, dice ahora, añadiendo que cuando ella persistió en su solicitud se encontró con “dificultades, diversas restricciones y el boicoteo de las posibilidades de examinar el material”.

Texto elaborado en la película 'Memorias y Fuego' (director: Ismail Shammout). De las películas saqueadas por el ejército israelí en Beirut en los años 80.


El avance se produjo cuando se solicitó la ayuda de los abogados Michael Sfard y Shlomi Zacharia, en 2008. Para empezar recibieron la noticia, confirmada por el asesor legal del Ministerio de Defensa, de que varios de los botines tomados en Beirut eran ahora parte del archivo del ejército. Sin embargo se informó a Sela posteriormente de que el “archivo fotográfico de la OLP”, como se refiere el Ministerio de Defensa en general a materiales fotográficos tomados de los palestinos, es “material de archivo en materia de asuntos exteriores y de seguridad y como tal es 'material restringido' definido en el artículo 7 (a) del Reglamento de Archivos”.

Así las cosas, un día de 2010 Sela recibe un fax que le informaba de que las películas palestinas se habían encontrado en el archivo del ejército, sin entrar en detalles, e invitándola a verlas. “Había unas pocas docenas de segmentos de películas y yo estaba sorprendida por lo que vi”, dice. “Al principio me mostró sólo una cantidad muy limitada de material de archivo, pero era indicativo de la totalidad. Sobre la base de mi experiencia comprendí que había algo más“.

Pasaron unos pocos años más de lo que Sela llama de “persistencia sin fin, conversaciones y correspondencia” y durante los cuales estuvo autorizada a ver docenas de segmentos de películas adicionales, incluyendo algunos que aparentemente provenían del archivo de Habashneh. Sela también descubrió otro archivo palestino que había sido arrebatado por el ejército israelí. Establecido bajo los auspicios de la Sección Cultural de Artes de la OLP, su director en la década de 1970 fue el pintor e historiador nacido en Lod, Ismail Shammout (1930-2006).

Una de las obras de esa colección es la propia película de Shammout, “La Llamada urgente”, cuyo tema principal fue escrito e interpretado en inglés por la cantante palestina Zainab Shathat, acompañándose con la guitarra. “La película se creía perdida hasta que la encontré en el archivo del ejército, dice Sela, que describe “La Llamada urgente” como “un grito por la situación de Palestina, sus hijos y sus hijas”. Mirándola hace retroceder en el tiempo a finales de 1960 y principios de los 70, cuando el cine documentando la lucha palestina conectaba brevemente con otros movimientos revolucionarios de cine internacionales.

Por ejemplo en 1969 y 1970, Jean-Luc Godard, el legendario director de cine de la nueva ola francesa del cine, visitó Jordania y el Líbano varias veces con el Grupo de Dziga Vertov de cineastas franceses (llamado así por el documentalista pionero soviético de los años 1920 y 30). En el grupo estaba el realizador Jean-Pierre Gorin, que trabajó con Godard en su período “radical”. Llegaron a grabar imágenes en campos de refugiados y en las bases de los fedayines para la película de Godard “Hasta la Victoria”. Habashneh dijo a Sela que ella y otros se habían reunido con Godard, le asistieron y por supuesto fueron influenciados por su trabajo.

Junto con “La Llamada urgente” - extractos que están incluidos en su documental “Saqueados y Ocultos”- Sela también encontró otro trabajo de Shammout en el archivo del ejército, titulado “Fuego y Memorias”, que narra la historia palestina del siglo XX, “de los días que describen la vida idílica en Palestina, a través de la documentación de refugiados, de la documentación de la organización y la resistencia. Para utilizar los términos del estudioso del cine palestino y director de cine George Khleifi, el luchador agresivo tomó el lugar del refugiado desdichado“, añade.

Sela también encontró material de archivo del director iraquí Kais al-Zubaidi, que trabajó durante un tiempo en la Sección Cultural de Artes de la OLP. Sus películas de ese período incluyen “Lejos de Casa” (1969) y “The Visit” (1970); en 2006 publicó una antología, “Palestina en el Cine”, una historia sobre el tema, que menciona unas 800 películas que tienen que ver con Palestina o el pueblo palestino.

Algunas de las películas palestinas del Archivo del ejército llevan sus títulos originales. Sin embargo, en muchos otros casos, este material de archivo fue re-catalogado para adaptarse a la perspectiva israelí, de manera que los palestinos “combatientes” se convirtieron en “bandas” o “terroristas”, por ejemplo. En un caso una película sobre el entrenamiento con armas está catalogada como “campamento terrorista en Kuwait: distribución de los uniformes, las niñas que se arrastran con las armas, los terroristas que marchan con las armas en las colinas, instrucción en armas e instalación de minas”.

Sela: “Estas películas e imágenes fijas, aunque no están hechas por cineastas judíos/israelíes o unidades militares -que es el criterio central para el depósito de materiales en el archivo del ejército israelí- fueron transferidas al archivo del ejército y sometidas a las reglas del Estado de Israel El archivo de inmediato las selló durante muchas décadas y las catalogó según su terminología -que es sionista, judía e israelí- y no de acuerdo con la terminología palestina original. Vi algunas donde se escribió la palabra 'terroristas' en las fotografías tomadas por los palestinos. Pero después de todo, ellos no se llaman a sí mismos como tales. Es parte de camuflaje terminológico, que subordina su trabajo creativo al proceso colonial en el que el ocupante controla el material que ha capturado.

Los descubrimientos de Sela, que son de importancia internacional, no son sólo una investigación, documentación y logro académico. También constituyen un gran avance en lo que se refiere a la crónica de la historia palestina. “La historiografía visual palestina carece de muchos capítulos”, observa. “Muchas fotografías y archivos fueron destruidos, se perdieron, tomados como botín y despojados en las diversas guerras y en el curso del conflicto palestino-israelí”.

Desde su punto de vista, la recogida sistemática de materiales visuales palestinos en el archivo del ejército “hace que sea posible escribir una historia alternativa que contrarresta el contenido creado por el ejército y el archivo militar, impulsado por consideraciones ideológicas y políticas”. En el material que se encuentra en el archivo del ejército se ven “imágenes que representan la historia del pueblo palestino y sus lazos de larga data con este suelo y este lugar, que presentan una alternativa a la historia sionista que negaba la existencia de los palestinos aquí, así como su cultura, su historia y la prolongada tragedia que soportaron y su lucha nacional de muchos años“.

El resultado es una paradoja intrigante, como es frecuente encontrar cavando profundamente en un archivo. La extensa información que Sela encontró en el archivo del ejército hace que sea posible la reconstrucción de la existencia de los palestinos anterior a 1948 y ayuda a rellenar los agujeros de la narrativa palestina hasta la década de 1980. En otras palabras, incluso si la intención de Israel era ocultar estos elementos y controlar los tesoros históricos de los palestinos, sus acciones en realidad ayudan al proceso de conservación y lo seguirán haciendo en el futuro.

La investigación de Sela de los materiales de archivo visuales fue precedida por otro estudio pionero -de las palabras escritas- realizado por el doctor Gish Amit, un experto en los aspectos culturales del sionismo en la Universidad Ben Gurion del Negev. Amit hizo un registro del destino de los libros palestinos y de las bibliotecas que, al igual que las fotografías y las películas que Sela encontró, terminaron en archivos israelíes, incluyendo la Biblioteca Nacional de Jerusalén.

En su libro de 2014, “Ex-Libris: Chronicles of Theft, Preservation, and Appropriating at the Jewish National Library” (en hebreo), Amit analiza mordazmente el fracaso -condenado de antemano- de cualquier intento de ocultar y controlar la historia de los demás. Según él “un archivo se acuerda de sus olvidos y borrones”, “documenta la injusticia y por lo tanto hace que sea posible trazar sus caminos” y “allana el camino para historias olvidadas que pueden, algún día, condenar a los propietarios” de los documentos.

 La matanza de Tel al-Zaatar. Fotograma de la película saqueada por el ejército israelí en Beirut en los años 80, titulada 'palestinos: derecho a la vida' (1978), dirigida por Kopalin Vladimi y conservada en el archivo de la institución cinematográfica palestina. Cortesía de Net-Film


Sin embargo Amit también ve la complejidad de esta historia y presenta otro lado de la misma. Al describir la operación en la que los libros palestinos fueron recogidos por soldados israelíes y el personal de la Biblioteca Nacional durante la Guerra de la Independencia, se plantea la posibilidad de que esto era en realidad un acto de rescate, preservación y accesibilidad: “Por un lado se recogieron los libros, no se quemaron ni fueron abandonados en las casas vaciadas de los barrios árabes que quedaron deshabitados. Si no se hubieran recogido su destino habría sido sellado sin dejar rastro de ellos“, escribe, y agrega que la Biblioteca Nacional “protegió los libros de la guerra, el saqueo y la destrucción y del comercio ilegal de manuscritos.

De acuerdo con la Biblioteca Nacional, hay alrededor de 6.500 libros y manuscritos archivados que fueron tomados de viviendas particulares cuyos propietarios dejaron en 1948. La colección completa está catalogada y accesible al público en general, pero la responsabilidad es de la entidad depositaria Custodio de la Propiedad de los Ausentes en el Ministerio de Finanzas. Por lo tanto no hay intención, en un futuro próximo, de tratar de localizar a los propietarios para la devolución de los artículos.

Sela considera la existencia de estos despojos de la guerra en Israel como una expresión directa de la ocupación, que define, más allá de la presencia física de Israel en los territorios, como “el control de la historia, la escritura de la cultura y la formación de la identidad”. A su juicio, “el gobierno de Israel sobre los palestinos no es sólo geográfico, sino que también se extiende a la cultura y la conciencia. Israel quiere borrar esta historia de la conciencia pública, pero no está teniendo éxito, ya que la fuerza de la resistencia es más fuerte. Por otra parte sus intentos de borrar la historia palestina afecta adversamente el propio final de Israel“.

En este punto Sela recurre a una comparación íntima para ilustrar que los materiales visuales contribuyen a la creación de la identidad personal y colectiva. “Como hija de sobrevivientes del Holocausto,” dice, “Crecí en un hogar sin memoria histórica fotográfica. Nada. Mi historia comienza sólo con la unión de mis padres, en 1953. Es sólo a partir de entonces que tenemos fotos. Antes de eso, nada.

“Yo sé lo que se siente cuando no se tiene ni idea de cómo se veían su abuela o abuelo, o la infancia de su padre”, continúa. “Esto es tanto más cierto en la historia de todo un pueblo. La construcción de la identidad por medio de materiales visuales es muy significativa. Muchos investigadores han abordado este tema. El hecho es que las instituciones sionistas hicieron y continúan haciendo un uso extensivo y racional de tales materiales [también] en un período que se extiende por décadas“.

Sela admite que todavía hay mucho por hacer, pero en lo que a ella respecta, una vez que apareció una grieta en la pared no hay vuelta atrás. “Hay una gran cantidad de material, incluyendo cientos de películas, que todavía no he llegado a ver”, señala. “Este es un tesoro increíble, que contiene información sobre la vida cultural, educativa, rural y urbana del pueblo palestino en todo el siglo XX, una narrativa borrada que necesita ser incluida en los libros de historia”, añade.

Cuando le preguntaron qué piensa que se debe hacer con el material, afirmó: “Por supuesto que tiene que ser devuelto. Así como Israel está constantemente luchando para recuperar lo que los nazis obtuvieron de los judíos en el Holocausto. La historia es diferente, pero por el mismo criterio, practica lo que predica. Estos son materiales culturales e históricos del pueblo palestino“.

El hecho de que estos artículos estén retenidos por Israel “crea un gran agujero en la investigación y el conocimiento palestino”, confirma Sela. “Es un hoyo del que Israel es responsable. Este material no nos pertenece. Tiene que ser devuelto a sus propietarios. Después, si lo vemos de forma inteligente, nosotros también podemos llegar a conocer y comprender capítulos altamente significativos en la historia palestina y en nuestra propia historia. Creo que la primera y fundamental etapa en el proceso de reconciliación es conocer la historia del Otro y también la propia historia de control del Otro“.

La respuesta del ministerio de Defensa

Un portavoz del ministerio de Defensa -cuando se le pidió que comentara sobre las posesiones del archivo del ejército- dijo que el archivo contiene 642 “películas botín de guerra”, la mayoría de las cuales trata de los refugiados y fueron producidas por la UNRWA (la agencia de las Naciones Unidas de ayuda a los refugiados) en los años 1960 y 1970. El ministerio también señaló que 158 películas que fueron capturadas por el ejército israelí en la Guerra del Líbano de 1982, que se enumeran en la forma ordenada en el catálogo de la sala de lectura y están disponibles para su lectura por el público en general, incluidos los ciudadanos árabes y palestinos.

En cuanto a las fotografías palestinas que fueron confiscadas el Ministerio de Defensa indicó que no existe un registro ordenado de ellas. Hay 127 archivos de fotografías y negativos, cada uno de los cuales contiene docenas de fotografías, probablemente tomadas entre los años 1960 y 1980, sobre una variedad de temas, incluyendo las visitas de delegaciones extranjeras para el personal de la OLP, visitas de delegaciones de la OLP en el extranjero, arte palestino y su patrimonio, objetos de arte, vestimenta tradicional y popular palestina, fábricas y talleres, demostraciones, desfiles y manifestaciones masivas en poder de la OLP, retratos de personalidades árabes y los símbolos de la OLP.

El comunicado añade que hace unos meses se localizaron cajas que fueron selladas por sus dueños originales, “el Departamento de Información y Orientación Nacional y el Departamento de Información y Cultura de la OLP”, durante la evacuación de los archivos de los almacenes en la base Tzrifín.

Un pre-estreno de la película de Rona Sela “Looted and Hidden – Palestinian Archives in Israel” se llevó a cabo el 3 de julio en el Centro de Arte Contemporáneo, de Tel Aviv, seguido de un diálogo con la directora y Sabri Jiryis, exdirector del Centro de Investigación de Palestina, en Beirut, del cual también el ejército israelí confiscó material.

Ofer Aderet, corresponsal de Haaretz


Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

sábado, 8 de julio de 2017

Cómo los generales israelíes prepararon la conquista mucho antes de 1967



50 años de “la guerra de los seis días 

 Sylvain Cypel 

22.06.2017



 
Según la propia confesión de sus generales, Israel no estaba amenazado de destrucción en junio de 1967, sino que, además, el estado mayor del ejército había preparado desde hacía mucho su plan de conquista de Cisjordania, Jerusalén, Gaza, Sinaí y el Golán. E impuso este plan mediante un cuasi golpe de Estado contra el primer ministro Levi Eshkol y los miembros de su gobierno aún dubitativos a la hora de desencadenar las hostilidades.
Dos días después del final de la guerra de junio de 1967, el primer ministro israelí, el laborista Levi Eshkol, declaraba: “La existencia de Israel pendía de un hilo. Pero las esperanzas de los dirigentes árabes de aniquilarle han sido aniquiladas” 1/. Esta tesis -la de que Israel estaba amenazado de desaparición, y con él su población- había estado en el origen de la “guerra preventiva” que acababa de realizar Israel contra sus vecinos árabes. Una vez evaporada la afirmación inicial de los israelíes pretextando que los egipcios habían emprendido las hostilidades, la tesis de la “amenaza existencial” se convirtió en el argumento político y diplomático constante de Israel para justificar su ataque.
Sin embargo, cinco años más tarde, una serie de generales israelíes iban a contradecir vigorosa y públicamente esta afirmación. El exjefe del Estado mayor adjunto Ezer Weizman disparaba el primero: “La hipótesis del exterminio no fue nunca contemplada en ninguna reunión seria” (Haaretz, 29/03/1972), aseguraba quien sería más tarde Presidente del Estado de Israel. Cuatro días después, le tocaba a Chaim Herzog, exjefe de información militar y también futuro presidente, declarar: “No había ningún peligro de aniquilación. El cuartel general israelí jamás creyó algo así” (Maariv, 4/04/1972). En fin, el propio jefe de Estado mayor, el general Haim Bar-Lev, sucesor en el puesto de Yitzhak Rabin, remachaba “No estábamos amenazados de genocidio en vísperas de la guerra de los seis días, y no pensamos jamás en tal posibilidad” (Ibid.).
El general Matti Peled, jefe de la logística, iba a resumir de forma radical la opinión de esos generales: “Pretender que las fuerzas egipcias concentradas en la frontera eran capaces de amenazar la existencia de Israel constituye un insulto no solo a la inteligencia de cualquier persona capaz de analizar este tipo de situación, sino ante todo un insulto al ejército israelí”. Y añadía: “Todas esas historias sobre el enorme peligro que corríamos (…) no fueron jamás tomadas en consideración en nuestros cálculos antes de las hostilidades 2/. Cuando estos generales dicen “nosotros”, o “nuestros cálculos”, se refieren, por supuesto, al estado mayor.
Ciertamente, estas declaraciones datan de 1972, una época en la que emborrachado por su masiva y fulgurante victoria de 1967, el ejército israelí se siente invencible. Los generales que las expresan han podido dulcificar parcialmente el ambiente que reinaba entre ellos cinco años antes. Ocultan por ejemplo que Yitzhak Rabin temía la posibilidad de “varias decenas de miles de muertos” 3/
israelíes en caso de guerra. No obstante, expresan una verdad fundamental. Antes de junio de 1967, casi todos los generales israelíes manifestaban una confianza casi absoluta en su futura victoria. Además, no eran los únicos. John Hadden, director de la sección de la CIA en Tel-Aviv, juzgaba que en caso de guerra con sus vecinos, Israel vencería “en seis o diez días, estaba seguro de ello” 4/
, según escribe el historiador Tom Segev. La CIA había informado de ello a Washington, y esta certeza influyó en gran medida en el acuerdo final que dio el presidente americano Lyndon Johnson al ataque israelí, tras haber manifestado durante mucho tiempo grandes reticencias a la puesta en marcha de una “guerra preventiva”.

“Ampliar las fronteras de Israel”
El motivo por el que los generales israelíes estaban tan seguros de sí mismos es objeto de un capítulo entero de The Six -Day War (Yale University Press, 2017), un reciente libro del historiador israelí Guy Laron. Cuando en 1972 esos generales levantaron el velo sobre sus motivaciones reales para desencadenar la guerra, quien entonces era el jefe del ejército del aire, el general Mordechai Hod -cuyas fuerzas habían aniquilado a las aviaciones egipcia, siria y jordana en apenas más de una hora de la mañana del 5 de junio de 1967- declaró: “Durante diez y seis años, planificamos lo que ocurrió durante esos 80 minutos iniciales. Vivíamos con ese plan, dormíamos con él, comíamos con él. No se dejó de perfeccionar” 5/. Es esta preparación minuciosa y sus motivaciones lo que expone Laron. El título del capítulo que consagra al tema no tiene ninguna ambigüedad: se titula “Ampliar las fronteras de Israel” 6/.
En trece densas páginas, el historiador detalla cómo, casi desde el día siguiente del fin de la guerra de 1948, el estado mayor israelí preparó de forma minuciosa la extensión de las fronteras de Israel. Cuando llega al poder en 1963, el primer ministro Levi Eshkol se reune con el jefe del estado mayor, Tsvi Tsour, que le explica que han que reforzar la capacidad militar del país de forma que, en la ineluctable próxima guerra con sus vecinos, Israel sea capaz de “conquistar el Sinaí, Cisjordania y el Sur de Líbano” 7/. Su adjunto Yitzhak Rabin lo confirma. Ezer Weizman, jefe del ejército del aire, lo dice de forma más altiva aún: “Para su seguridad, el ejército deberá ampliar las fronteras, corresponda o no al planteamiento del gobierno”. El mismo Weizman, cercano al partido Herout, promotor histórico del Gran Israel, sugiere entonces al gobierno “pensar seriamente en lanzar una guerra preventiva” ¡en los próximos cinco años! Otro general, Yeshayahou Gavish, previene de que si el rey Hussein de Jordania fuera derrocado, Israel debería apoderarse inmediatamente de Cisjordania.
Eshkol quedó sorprendido aunque, en realidad, esos oficiales “no hacían más que reiterar conceptos formulados desde los años 1950”, explica Laron. Y multiplica los ejemplos. Todos los círculos del estado mayor desde hacía quince años habían sido educados en la idea de que las fronteras del Estado, tal como habían resultado del armisticio firmado en 1949 con los ejércitos árabes, eran “indefendibles”. Desde 1950, el departamento de planificación del ejército se dedicaba por tanto a trabajar en la puesta en pie de otras fronteras, más seguras. Tres “barreras físicas” fueron señaladas entonces: el Jordán frente a Jordania, los altos del Golán frente a Siria y el río Litani en el Sur de Líbano. Estas tres barreras eran percibidas por los militares como constitutivas de, según su expresión, “el espacio vital estratégico” del país. Un documento de 1953 les añade el Sinaí, para asegurar a Israel recursos petroleros y minerales.
En 1955, un año antes de la operación de Suez realizada por los franceses y los británicos 8/
, el jefe de estado mayor Moshé Dayan explicaba que Israel no tendría ninguna dificultad para encontrar un pretexto para lanzar un ataque contra Egipto. “Debemos estar preparados para conquistar Gaza y la zona desmilitarizada [el Sinaí] hasta el estrecho de Tiran. Pero debemos pensar en un plan de tres fases. La segunda será alcanzar el canal de Suez y la tercera El Cairo. Desarrollar o no las tres fases dependerá de los objetivos de la guerra”. En cuanto a Jordania, su plan evocaba “dos fases: la primera será alcanzar la línea de Hebrón, la segunda conquistar el resto hasta el Jordán”.

En fin, añadía, “Líbano no es más que nuestra última prioridad, pero se puede llegar hasta el Litani. Y en Siria, el Golán constituye una primera línea a alcanzar, la segunda sería Damasco”. En 1960, Yitzhak Rabin, convertido en general, redacta un memorándum detallado sobre la forma de hacer evolucionar al ejército a fin de conquistar nuevos territorios en una próxima guerra. En abril de 1963, cuando estallan disturbios en Jordania, Dayan entonces ministro de agricultura y el viceministro de defensa Shimon Peres indican al primer ministro David Ben Gurion que un derrocamiento del rey hachemita “proporcionaría un pretexto” a Israel para conquistar Cisjordania.
Un plan largamente madurado
Este estado de espíritu -el de conquistar nuevos territorios para ampliar las fronteras y en particular “terminar el trabajo” no acabado por la guerra de 1948, es decir, en particular apoderarse de Cisjordania y de la banda de Gaza- no es solo objeto de planes de conquista militares. Éstos van acompañados de una preparación política del día siguiente de las conquistas, mostrando que Israel, incluso a la salida de una guerra que se suponía estrictamente “defensiva”, no consideraba privarse de sus beneficios. Así, cuatro años antes de la guerra “preventiva” de junio de 1967, el fiscal general del ejército israelí Meir Shamgar (futuro presidente del Tribunal Supremo de 1983 a 1995) recibía la orden de comenzar a poner a punto un código jurídico que Israel aplicaría en caso de conquista de nuevos territorios. Se dieron cursos sobre la jurisdicción militar en territorio conquistado a los alumnos oficiales y a los oficiales de la reserva del ejército israelí desde el verano de 1963, según informa Laron. En diciembre de 1963, el jefe de estado mayor asignó al general Herzog a la cabeza de una unidad especial destinada a preparar una ocupación de Cisjordania 9/. A partir de entonces, indica Laron, la Escuela Superior de Estudios Militares israelí incluye en sus cursos la administración militar de las poblaciones de territorios conquistados, y fue imprimido un folleto en este sentido para los futuros responsables de tal actividad. “Numerosas copias de este folleto fueron incorporadas al kit que los jueces y fiscales militares deberían recibir en cuanto comenzara la ocupación”, escribe Laron.
Sin embargo, antes de junio de 1967, la idea de la extensión de las fronteras parecía permanecer confinada en Israel a dos corrientes políticas muy identificadas. De una parte la derecha nacionalista, que no renunciaba a su sueño de Gran Israel “en las dos orillas del Jordán”, del otro la fracción activista del movimiento laborista en el plano territorial, llamada Ahdut Haavoda (Unidad laborista), que no había aceptado nunca la partición de Palestina. Las dos corrientes eran minoritarias. En cuanto a los gobiernos israelíes, a dominante laborista, éstos se dividían tradicionalmente entre “halcones” y “palomas” respecto al espacio árabe vecino. El primer ministro David Ben Gurión constituía en su seno la figura del árbitro halcón, pero pragmático. En cambio, lo que muestra Laron, es que la idea de “recuperar” por la fuerza los territorios de Palestina no conquistados en1948 y más generalmente de “ampliar” las fronteras de Israel estaba presente, a nivel del estado mayor, de forma constante, entre 1948 y 1967 1/
. Por otra parte, es interesante señalar que en el estado mayor, tradicionalmente, el sector Ahdut Haavoda del laborismo estaba sobrerrepresentado. Entre ellos, en bromas, los generales israelíes llamaban a los viejos políticos sionistas “los judíos”, término que simbolizaba a sus ojos la “debilidad” congénita de quienes han mantenido la mentalidad miedosa de la diáspora. A cambio, esos políticos denominaban a los jóvenes generales como “los prusianos”…

Un “putsch a la israelí”
Ciertamente, los servicios de planificación de un estado mayor están hechos para responder a todas las situaciones imaginables, de las más evidentes a las más improbables. Pero la constancia de los planes de conquista israelíes, su lógica y su mejora permanente -el hecho, por ejemplo, de que los dispositivos para evacuar a las poblaciones de Cisjordania y del Golán (en autobús y camiones) estuvieron instantáneamente disponibles en junio de 1967 -muestran sin duda que, como diría el general Hod, el estado mayor había vivido, comido y dormido casi dos decenios con este plan de ampliación de las fronteras “sin dejar nunca de perfeccionarlo”. Es indudablemente con este plan en la cabeza como por todas partes, los generales israelíes comenzaron -sobre todo a partir del 23 de mayo de 1967, fecha del anuncio del cierre por Egipto del estrecho de Tiran, considerado por Israel como un casus belli -a ejercer una presión creciente sobre el gobierno y el primer ministro para que autorizase el lanzamiento de una guerra preventiva.
Estas presiones, durante los doce días que precedieron al ataque israelí, han sido luego ampliamente documentadas. El estado mayor, Rabin a la cabeza, asegura que si Israel no reacciona, su “capacidad de disuasión 11/ sufrirá por ello. Convencido de la victoria, el general Ariel Sharon señala al gobierno que no puede desaprovechar una “ocasión histórica” de aumentar el tamaño del país. El general Yigal Alon, miembro del gobierno y jefe del Ahdut Haavoda, propone “inventar un pretexto” para atacar. Frente a las reticencias de Eshkol, que quiere asegurarse un apoyo americano, el general Weizman le llega a exigir públicamente el 1 de junio: ¡Eshkol! Da la orden de comenzar la guerra! (…) Tenemos un ejército fuerte que no espera más que una orden tuya. Danos la orden de ir al combate y venceremos”. El general Hod asesta el golpe de gracia: asegura que cuanto más rápidamente actuemos, menos pérdidas tendremos. El 2 de junio, Eshkol capitula frente a lo que Laron llama “un putsch muy a la israelí”.
Menahem Begin, jefe de los ultranacionalistas, entra en el gobierno. Y Moshé Dayan, el más ferviente partidario de una guerra inmediata, también. Éste afirma inmediatamente: “En dos días, estaremos en el canal” (de Suez). En cuatro, los generales están también en Jerusalén y en el Jordán, en seis en el Golán. Una foto estará pronto en todas las portadas del mundo entero: la de Dayan, en uniforme, y Rabin, acompañados del general Ouzi Narkiss, entrando en el casco antiguo árabe de Jerusalén. “Era la guerra de los generales, y ellos la habían ganado”, concluye Guy Laron 12/. Fueron recompensados por ello: de 1966 a 197, la parte del presupuesto asignada a la defensa comparada con el PIB israelí se cuadruplica, pasando del 6,4% al 24,7%…
http://orientxxi.info/magazine/comment-les-generaux-israeliens-ont-prepare-la-conquete,1892
13/06/2017
Traducción: Faustino Eguberri para viento sur
1/ Citado por Amnon Kapeliouk, “Israël était-il réellement menacé d’extermination ?”, Le Monde, 3/6/1972.
2/ Amnon Kapeliouk, op. cit.
3/ Conversación con el ministro del partido sionista-religioso Zerah Warhaftig en Tom Segev, 1967, Denoël, 2007, p. 320.
4/ Ibid, p. 285.
5/ Haaretz, 29/03/1972
6/ Guy Laron, op. cit., p. 105-117. Todos los catos y citas siguientes han sido sacadas de estas páginas.
7/ En 1967 (p. 200), Segev indica que Tsour había sugerido lanzar estas conquistas si “se presentaba la ocasión”.
8/ Israel, el Reino Unido y Francia se habían puesto de acuerdo en recuperar mediante una intervención militar el canal de Suez nacionalizado por el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser y posiblemente derrocarlo. Esta operación fracasó.
9/ Herzog se convertirá en 1967 en el primer gobernador militar de Cisjordania.
10/
Laron estima más en general que la guerra de 1967 fue, tanto en Israel como del lado árabe impuesta por el escalón militar al poder político.

11/
Las citas de este apartado son de Tom Segev, op.cit. p. 273 a 373.

12/
Op. cit. p. 296

viernes, 9 de junio de 2017

Qatar: 13 motivos de una extraña crisis en la región


 

 El rey Salman de Arabia Saudí y Trump, en Riad. REUTERS/Jonathan Ernst

¿Es posible que siete aliados de EEUU declaren una guerra, de momento diplomático-económica, contra Qatar, que es la sede del Comando de EEUU para Oriente Próximo (CENTOCOM), la más grande que posee el Pentágono en toda la región, sin la autorización de la Casa Blanca? Se trata de la primera consecuencia de la visita antiiraní de Donald Trump a Arabia Saudi, y puede ser una crisis trampa para arrastrar a Irán a una guerra regional, ahora que EEUU no se va capaz de enfrentarse directamente a esta nación, y quedarse con la primera reserva mundial de gas y la tercera de petróleo.
El pretexto del conflicto son unas declaraciones del emir de Qatar Tamim Bin Hamad Al Thani, en las que afirma que una guerra contra Irán sería una locura, ya que desaparecerían todos los países árabes del Golfo Pérsico, o que Trump no iba a durar en el poder. Además, se le acusa a Tamim de financiar a los Hermanos Musulmanes (HM), a los que consideran terroristas, y desestabilizar a los países árabes. ¿No ha sido Arabia Saudí quien ha agredido militarmente a Irak, Bahréin, Yemen o Siria? Cierto. Qatar, al igual que Arabia Saudí, EUA y EEUU, ha patrocinado el yihadismo sunnita que opera en Afganistán, Irak, Yemen, Siria, Libia, Chechenia, Rusia, China y Europa. Pero, ¿cómo es posible haber patrocinado el terrorismo mundial durante años sin que 11.000 soldados de EEUU instalados allí no se hayan enterado?
Castigo aleccionador para los traidores
De nada le ha servido a Doha alegar el ciberataque, falseando las palabras del emir, o pedir a los líderes de Hamas (filial palestina de HM) que abandonen el país. Los castigos, que incluyen el bloqueo aéreo, terrestre y marítimo de Qatar, así como la expulsión de miles de familias qataríes de Arabia Saudí y de Emiratos Árabes Unidos (EAU), pueden tener consecuencias imprevisibles para el país (como la falta de alimentos que importa de Arabia) y para la paz mundial.
Para Arabia Saudí, que tras la visita de Trump se siente fuerte para incendiar toda la región, los pecados de Qatar son:
  1. Socavar la política de Trump-Salman-Netanyahu de contener a Irán y desmontar el frente árabe antiiraní. Qatar (del término persa Guadar: Puerto), junto con Omán y Kuwait, defiende la distensión en el Golfo Pérsico y mantiene relaciones cordiales con Teherán. Doha apoyó el acuerdo nuclear entre Irán y los 5+1, una espina clavada en el corazón de los saudíes. En 2013, Doha fue el único miembro del Consejo de Seguridad de la ONU que votó en contra de la Resolución 1696 que exigía a Irán suspender el enriquecimiento de uranio de su programa nuclear. Antes, había firmado con Teherán un acuerdo de seguridad y lucha antiterrorista y había abierto su mercado a las inversiones iraníes. Ahora, además, ha contactado con Ghasem Soleimani, comandante iraní de las Fuerzas de Qos, que lucha en Siria e Irak contra los yihadistas sunnitas. Para Doha, Irán no es sólo su socio a la hora de explotar el campo de gas más grande del mundo (North Dome/South Pars), sino que es el país que junto con la India y Rusia le está salvando de convertirse en una colonia de Arabia Saudí.
  2. Negarse a formar parte de una OTAN sunnita contra los chiitas (Irán y Siria).
  3. Financiar a los HM en Egipto y a otros países en perjuicio del wahabismo.
  4. Criticar, desde el canal Al Jazzeera, a los reyes y presidentes árabes, salvo al emir de Qatar, y mientras ataca a Daesh (wahabita) legitima a Hizbolá, dejando de llamarle “partido de Satanás”.
  5. Negociar la cesión de una base militar a Turquía, país resentido con EEUU por armar a los kurdos sirios, los segundos gobernado por los HM.
  6. Impedir que su sistema político (¡que comparado con el absolutismo saudí, es una democracia!) se convierta en un modelo a seguir en la zona. Tamim permitió elecciones municipales en 1991, el derecho al voto de la mujer y en teoría reconoció, en la Constitución de 2003, la libertad de expresión y de asociación.
La postura de EEUU
Washington no acepta que en este mundo maniqueo Doha baile con todos: acoge una oficina diplomática israelí y otra de Hamas, financia a los yihadistas en Siria contra Bashar al Asad, mientras apoya el alto el fuego. Trump se opone a Qatar por:
  1. La reticencia de Doha a utilizar su territorio contra Teherán, del que le separan sólo 1759 kilómetros de agua. En un vídeo de Daesh en distintas lenguas de Irán, los terroristas amenazan con atacar este país. Pueden contar con los grupos reaccionarios iraníes, como Muyahedines del Pueblo, colectivos de kurdos, baluches o árabes, descontentos por las políticas discriminatorias de Teherán respecto a las minorías étnicas que componen cerca del 60% de la población de Irán. De hecho, los dos recursos que tienen EEUU-Arabia-Israel para destruir la nación iraní son: por un lado, una guerra regional, y, por otro, provocar tensiones étnico-religiosas, sobre todo desde las fronteras de Pakistán, Afganistán, Turquía y el Golfo Pérsico. De hecho, el atentado en el parlamento iraní puede ser el inicio de este tipo de acciones para desestabilizar Irán.
  2. Qatar fue la única monarquía de la zona que condenó la ley de inmigración de Trump.
  3. Al querer incluir a los HM (a los que Obama apoyaba) en la lista terrorista, Washington crea una nueva alineación en la región: fortalece su alianza con Arabia y Egipto, mientras que debilita a Turquía y a Qatar.
  4. Profundizar aún más la brecha entre los regímenes árabes, provocando un conflicto interislámico que les debilita, beneficiando así a la incesante expansión israelí. Pero Irán no puede explotar esta fisura: mientras el presidente Hassan Rohani defiende la paz y cooperación con Qatar y Arabia Saudí, el jefe del Estado, Ayatolá Ali Jamenei, no cesa en sus ataques a la familia Al Saud.
  5. Impedir que Qatar y Rusia (los dos gigantes del gas) amplíen sus relaciones energéticas. A pesar de que Qatar (junto con Arabia y EEUU) patrocinó el terrorismo checheno, o de que Rusia ordenó en 2004 matar en Doha a un líder separatista checheno, el emir Tamim visitó Rusia en 2016 buscando alternativas a su relación con Occidente: invirtió 2.500 millones de dólares en Rusia para conseguir influencia política sobre Moscú, sobre todo ahora que ha fracasado en derrocar a Bashar al Assad y en llevar adelante el proyecto del gasoducto sunnita cruzando Siria. Quizás pueda participar en la reconstrucción del país. Dejó mucho dinero en el aeropuerto de Pulkovo de San Petersburgo y firmó el mayor acuerdo de inversión extranjera directa en el sector energético a nivel mundial, quedándose con el 40% de Rosneft y de otras compañías energéticas privadas rusas.
  6. Y, sobre todo, incrementar el estado de guerra en la zona para reconfigurar el mapa de Oriente Próximo y “hacer América más grande”. Para ello, ha introducido la táctica antiqatari en la estrategia de la lucha antiiraní.
Medidas de Trump
  1. Lanzar una campaña contra Qatar en la prensa, acusándolo de financiar el terrorismo.
  2. Airear el tema de la esclavitud de los inmigrantes.
  3. Sabotear el Mundial de 2022, haciendo brillar los sobornos que pagó a la FIFA.
  4. Llevar a cabo un golpe de Estado, como el lanzado desde la base turca de Incirlik contra Tayyeb Erdogan. Así, Tamim, de 36 años. puede ser derrocado por:
-Sus primos del clan de Ahmed bin Ali Al Thani, el primer emir del país tras su independencia de Gran Bretaña en 1971, que le consideran un “desastre” y se han ofrecido para sustituirle.
-Su medio hermano mayor, Mishaal, nacido de la primera esposa de Hamed al Thani.
-El propio Hamed, el emir padre, al que derrocó, en complicidad con su madre, la jequesa Moza bint Nasser.
El jefe del Comité de Relaciones Públicas de Arabia Saudí en EEUU, Salman al-Ansari, ha recomendado en un tuit al emir que aprenda del destino del expresidente egipcio Mohammad Mursi de los HM, derrocado en 2013 por el general Al Sisi, quien recibió como recompensa 160.000 millones de dólares del Rey Salmán de Arabia. La misma amenaza la repite el diario saudí Al-Riad: “Cinco golpes en 46 años; el sexto no es improbable”.
El temor y las opciones de Qatar
Doha no quiere ser víctima del pulso entre Irán y Arabia por la hegemonía regional y busca un equilibrio en sus relaciones con dichas potencias. El emir de Qatar teme que Arabia, apoyada por EEUU, y bajo el pretexto de la amenaza iraní y la lucha antiterrorista, ocupe el país y sus inmensas reservas del gas, ahora que sus propios campos de petróleo se secan. Para evitarlo tiene las siguientes salidas:
-Acudir a Trump y comprarlo con un cheque con muchos ceros, como lo ha hecho Arabia Saudí, que ha pagado 110.000 millones de dólares por armas y ha conseguido que la prensa de EEUU ya no hable de su implicación en el terrorismo del 11-S; hizo lo mismo con Gran Bretaña: 4.200 millones de dólares en contratos de armas y Londres no publicará los resultados de la investigación sobre la financiación de los islamistas radicales.
-Retroceder en su política hacia Irán; acatar la tutela de los Al Saud.
-Unirse a la coalición de Irán-Irak-Siria y arriesgarse a morir como Saddam o Gadafi.
-Fortalecer su acuerdo militar con Turquía, país molesto con EEUU por armar a los kurdos sirios.
La tensión ha llegado a niveles de difícil retorno. Los presidentes de Turquía y de la India intentan mediar en el conflicto. A Nueva Delhi le preocupa un corte en el suministro de petróleo y la situación de miles de trabajadores indios que desde esta zona envían remesas por valor de 60.000 millones de dólares. El conflicto, además, puede dañar la economía qatarí y acabar con las inversiones extranjeras. Moody’s Investor Service redujo la calificación crediticia de Qatar a la cuarta categoría de inversión, señalando la incertidumbre de su modelo de crecimiento económico.
Le ha tocado a Qatar ser la próxima víctima de la farsa de la “guerra contra el terrorismo” de los principales patrocinadores mundiales del terrorismo. ¡Locos embusteros!

martes, 23 de mayo de 2017

Las escuelas israelíes ayudan a sabotear las perspectivas de paz



Jonathancook.net

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.


Un alarde del estilo de la política comunitaria israelí ante una audiencia de cientos de jóvenes escolares fue capturado en video la semana pasada. ¿Eran niños de 10 años a los que se les ofrece consejos de seguridad vial, consejos sobre qué hacer si se perdieron o cómo informar de alguien sospechoso que pasa alrededor de la escuela?
No. En Israel, se hacen las cosas de manera diferente. El vídeo muestra a cuatro oficiales en una puesta en escena de un simulacro de operación antiterrorista en un parque cerca de Tel Aviv. El equipo hacía rugir sus motos y disparaba sus fusiles sobre el “terrorista”.
Mientras el “terrorista” yacía gravemente herido, los agentes vaciaban sus cargadores sobre él desde corta distancia. En Israel se conoce esta acción como “confirmar la matanza”. En cualquier otro lugar se llama ejecución extrajudicial o asesinato. Podía oírse a los niños aplaudiendo.
Fue un incómodo recordatorio de una ejecución casi idéntica capturada en un video el año pasado. A un médico joven del ejército, Elor Azaria, se le ve disparando una bala a la cabeza de un palestino incapacitado en Hebrón. En febrero un tribunal militar lo condenó a 18 meses por homicidio.
Ha habido pocas señales de introspección desde entonces. La mayoría de los israelíes, incluidos los funcionarios públicos, llaman héroe a Azaria. En la reciente fiesta religiosa de Purim, vestirse como Azaria era uno de los disfraces favoritos entre los niños.
Hay muchas pruebas de que los servicios de seguridad de Israel todavía están ejecutando regularmente a palestinos.
El grupo de derechos humanos israelí B'Tselem denunció la semana pasada el asesinato de una joven estudiante de 16 años de Jerusalén, Fatima Hjeiji, con una lluvia de balas. Se quedó paralizada en el lugar después de sacar un cuchillo a cierta distancia de un puesto de control policial. No representaba una amenaza, concluyó B'Tselem, y no tenían por qué asesinarla.
La policía no se arrepintió de la ejecución, que calificó de “una experiencia positiva” de demostración para los jóvenes. No fue un caso excepcional.
Este mes, en las comunidades de todo Israel, el ejército celebró el Día de la Independencia de Israel poniendo sus “atracciones” habituales -tanques, cañones y granadas- para que los niños jugasen con ellas mientras las familias observaban a los perros del ejército buscando más “terroristas”.
Mientras tanto, en un asentamiento de Cisjordania, el ejército pintó brazos y piernas de jóvenes con heridas de metralla. Un líquido ilustraba la sangre goteando convincentemente de maniquíes con extremidades amputadas. El ejército dijo que el evento era un modelo del que “muchas familias disfrutaron”.
El propósito de exponer a los niños de una edad impresionable a tanta sangre derramada y al asesinato no es difícil de adivinar. Se crían niños traumatizados, desconfiados y temerosos de cualquier persona de fuera de su tribu. De esta manera se convierten en soldados más flexibles, de gatillo fácil, ya que gobiernan sobre los palestinos en los territorios ocupados.
Algunos educadores han comenzado a percibir que son cómplices de este abuso emocional y mental.
El día de la conmemoración del Holocausto, recordado en las escuelas israelíes el mes pasado, evita en gran medida mensajes universales, como el de reconocer la humanidad de los demás y luchar por los oprimidos. En vez de eso a los alumnos de las escuelas, incluso a los de solo tres años, se les dice que el Holocausto sirve como advertencia para estar siempre alerta, que Israel y su ejército fuerte son los únicos que impiden otro genocidio perpetrado por los no judíos.
El año pasado Zeev Degani, director de una de las escuelas de prestigio de Israel, causó un gran revuelo cuando anunció que su escuela ya no enviará a los alumnos a los viajes anuales a Auschwitz. Se trata de un rito de iniciación para los alumnos israelíes. Denominó la mala utilización del Holocausto de “patológica” y dijo que pretende “generar miedo y odio” para inculcar el nacionalismo extremo.
No es por casualidad que estos viajes –que imparten el mensaje de que un ejército fuerte es vital para la supervivencia de Israel– se lleven a cabo justo antes de que los adolescentes comiencen un proyecto militar de tres años.
Cada vez reciben en la escuela menos mensajes alternativos. Degani fue uno de los pocos directores que invitaron a la organización Rompiendo el Silencio, un grupo de soldados que denuncian, para hablar de su participación en la comisión de crímenes de guerra.
En respuesta el ministro de Educación Naftali Bennett, líder del partido de los colonos, ha prohibido los grupos disidentes como Rompiendo el Silencio. También ha prohibido los libros y los viajes de grupos de teatro que puedan fomentar una mayor empatía con aquellos de afuera de la tribu.
Las encuestas muestran que esto está dando sus frutos. Los escolares son aún más ultranacionalistas que sus padres. Más de cuatro quintas partes piensan que no hay esperanza de paz con los palestinos.
Pero estas actitudes cultivadas no sólo sabotean el proceso de paz. También impiden cualquier posibilidad de que los judíos israelíes vivan en paz con la gran minoría de los ciudadanos palestinos que viven en el mismo lugar.
La mitad de los escolares judíos creen que a estos palestinos, uno de cada cinco de la población, no se les debe permitir votar en las elecciones. Este mes el ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, llamó "nazis" a los representantes de la minoría en el Parlamento y sugirió que deberían compartir un destino similar.
Este chovinismo extremo fue traducido la semana pasada en la legislación que define a Israel como el Estado-nación del pueblo judío en todo el mundo, no para sus ciudadanos. La minoría palestina se convirtió efectivamente en poco más que extranjeros residentes en su propia tierra.
Degani y otros están perdiendo la batalla de educar para la paz y la reconciliación. Si el futuro de una sociedad se encuentra en sus hijos, las perspectivas para los israelíes y los palestinos son sombrías. 

 
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.



Acerca de este tema: Película DEFAMATION en español

miércoles, 17 de mayo de 2017

La tragedia de Palestina según Noam Chomsky



Revista Arcadia


El Embajador de Palestina en Colombia estuvo en la Feria Internacional del Libro de Bogotá haciendo un recorrido general por esa tierra milenaria a través de sus costumbres, su historia y el conflicto que la rodea. No fue la única muestra de la presencia de sus representantes en Colombia, único país de América Latina que no apoyó su candidatura en Unesco. Entre ellas se destaca Conversaciones sobre Palestina, libro de Noam Chomsky e Ilan Pappé, que presentó la editorial Icono en la Feria.
Chomsky, estadounidense, lingüista, profesor emérito de la universidad de MIT, considerado entre los intelectuales vivos más importantes del mundo, conversó con Pappé, israelí ex-profesor de historia en la universidad de Haifa y actual profesor en la Universidad londinense de Exeter. Pappé es de los llamados “nuevos historiadores” de Israel, que se atreven a revisar la historia de su país y a criticar su política. Opina contra la decisión de crear dicha nación, y señala el sionismo como la ideología que origina la mayor parte de los males que atormentan a ambos los israelíes y los palestinos.
Chomsky, duro crítico de Israel y de su política contra Palestina --la califica de “criminal”--, y Pappé están de acuerdo en varios aspectos fundamentales. Ambos critican el apoyo irrestricto que da Estados Unidos al gobierno israelí, con la complicidad de potencias occidentales durante 50 años.
Los analistas le atribuyen un peso substancial al síndrome del Holocausto, al complejo de culpa por el antisemitismo en sus países y por ende al temor de ser calificados de antisemitas, arma que Israel tiene a flor de piel. Todo lo que implique crítica, censura o condena, lo acusa de antisemitismo y de persecución.
Pappé saluda a la academia palestina y a la “nueva” historia de Israel, por haber desenmascarado teorías absurdas, por ejemplo que la Biblia le otorgó la tierra palestina a los judíos; el que sea la “única democracia” del Medio Oriente, o que, en 1948, después de que Ben Gurión proclama la creación del Estado de Israel y estalla la guerra con todos sus horrores, millones de palestinos en forma voluntaria abandonen su tierra.
La verdad es otra. Es el desastre, las masacres, la limpieza étnica a dos tercios de la población, los desalojos, la expulsión de millones de seres que desde entonces se refugian en países vecinos. Chomsky habla de la “ocupación criminal” de Cisjordania, de Gaza, de Jerusalén del Este, supuesta capital palestina, de los Altos del Golán. Todo lo ocupan en la Guerra de los Seis Días de 1967. De inmediato procedem a construir colonias judías en violación de convenciones internacionales. Imponem un brutal y humillante dominio, con centenares de puestos de control, de rutas y caminos vedados a los palestinos en su propio territorio, de enjambres de soldados en sus tierras.
Los autores califican de racista a Israel, condenan el Muro de separación que levanta dentro del territorio palestino, al que llaman un apartheid israelí, pues de eso se trata. Pappé menciona la semejanza de la política a la que hubo en Sudáfrica. La diferencia, dice Chomsky, es que los blancos en Sudáfrica necesitan a los negros para su vida diaria pero en cambio los israelíes quieren desaparecer a los palestinos.
Ambos hablan del fiasco que sufren Estados Unidos e Israel, en enero del 2006, cuando Hamás, movimiento de resistencia palestino al que califican de “terrorista”, logra un triunfo arrollador en las elecciones parlamentarias y debe nombrar un nuevo gobierno. Reaccionan con furor. Estados Unidos y sus aliados congelan las ayudas a Palestina e Israel procede a apresar a la mayoría de sus diputados en Cisjordania y Jerusalén. Un atropello inaudito porque no son sus ciudadanos.
En octubre del 2011, Palestina es elegida, por amplias mayorías, miembro pleno de Unesco (decisión que Colombia no apoya) y al año la ONU la reconoce como Estado observador. Desde entonces miembros de ambas organizaciones pueden denunciar, ante la Corte Penal Internacional, los atropellos y “crímenes” de guerra en su contra.
En respuesta a los ataques de cohetes que le lanza Hamás desde Gaza, cuyo impacto es relativo, las operaciones militares de Israel son desproporcionadas, y siempre condenadas sin que nada pase. Frente al ejército israelí, uno de los más poderosos del mundo, con armas de último modelo que le provee Estados Unidos, dice Chomsky, y un arsenal nuclear, las fuerzas palestinas son inexistentes.
Ambos hablan del cambio en el termómetro occidental a favor de Palestina, del crecimiento “gigantesco” del movimiento contra Israel, BDS, Boicot, Desinversiones y Sanciones, creado por la sociedad civil palestina con apoyo de varios países. Este es un hecho promisorio, dice Chomsky, pues los cambios ocurren por presiones de abajo.
En diciembre de 2016 –después de publicado el libro-- se aprobó la resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU, con la sola abstención de Estados Unidos. Es una amplia condena a los asentamientos judíos en tierras palestinas y pide su desmonte; al Muro de Separación, la Corte Internacional de Justicia pide destruirlo y a todo lo que implica violación a los derechos del pueblo palestino. Plantea, además, la solución de dos Estados para lograr la paz. Obama, por ejemplo, siempre dio apoyo a dicha opción.
Netanyahu, rugió: “es una despreciable resolución” a la cual no se iba someter, la calificó de “vergonzosa”, habló de conspiración contra Israel y amenazó con represalias hacia los países que dieron su apoyo, retiró embajadores y sostuvo que Estados Unidos lo había traicionado. Un exceso de prepotencia para un país tan cuestionado y solitario. Chomsky sospecha “que los israelíes tienen una idea mal disimulada de la fragilidad de su futuro”, pues el aislamiento puede aumentar y convertirse en Estado paria, deslegitimado al punto “que sólo podrá sobrevivir mientras Estados Unidos lo apoye”.
Mucho cambia y mucho se confunde con el triunfo inesperado del ahora presidente estadounidense Donald Trump. En diciembre conforma su gabinete y nombra a David Friedman, abogado judío, su embajador en Israel. Para el New Yorker es el escándalo del día.
Friedman tiene propiedades en Cisjordania; sueña con anexarla a Israel y trasladar la capital a Jerusalén. Sería un delito, porque es ciudad sagrada e internacional, según la Resolución de Partición.
El conflicto entra un capítulo nuevo, y no muestra señales de acercarse al final. 

Fuente: http://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/palestina-e-israel-segun-noam-chomsky/63629

jueves, 11 de mayo de 2017

El blues de los diplomáticos europeos en Palestina



ORIENT XXI

Traducción para Rebelión de Loles Oliván Hijós


Concebida para promover el desarrollo económico de Palestina, la zona franca de Jericó, en el valle del Jordán, está financiada por la Unión Europea, pero lejos de cumplir su cometido, los obstáculos que impone Israel destruyen o impiden toda iniciativa tendente a mejorar de la situación de los palestinos.


La zona de franca de Jericó (Jericó Agro Industrial Park, JAIP, por sus siglas en inglés) ubicada en el valle del Jordán, tiene como objetivos "favorecer mediante incentivos fiscales e infraestructuras modernas las inversiones locales e internacionales en Palestina así como las exportaciones palestinas", que siguen siendo extremadamente bajas, según Naiem Attun, funcionario local. Además de esta incipiente "zona franca", la Autoridad Palestina de Industrias Estatales y Zonas Francas cuenta con otras dos en Belén y Yenín (Cisjordania) y una cuarta en Gaza que está inactiva. Otras tres están previstas en Cisjordania, cerca de Nablus, Hebrón y Rawabi, una "nueva ciudad" en construcción lanzada por un millonario palestino-estadounidense en la Zona A (véase el recuadro al final). Inicialmente impulsada con financiación japonesa, la zona franca de Jericó cuenta en la actualidad también con financiación europea. De momento, su actividad es reducida; cuenta únicamente con 4 PYMES registradas. Las autoridades prevén que para fin de año habrá otras 6, que crearán 500 puestos de trabajo. En última instancia, el objetivo es generar 3.400 puestos de trabajo directos y 17.000 indirectos.
Nos encontramos en Jericó nueve periodistas de ocho países de la Unión Europea (UE) invitados por la Delegación de la Unión Europea en Palestina para constatar algunos aspectos del apoyo proporcionado a la Autoridad Palestina (AP). Sin embargo, a ocho meses de la primera entrega de la ayuda, cuesta creer que estas previsiones se cumplan a tiempo. Especialmente porque desde el principio tanto los funcionarios palestinos como nuestros guías europeos muestran sus reservas sobre la sinceridad de Israel con respecto a que la zona se desarrolle. "El gran problema, se queja Jaled Amleh, uno de los gestores palestinos, es quién controla la frontera". La única salida es el puente de Allenby, en el río Jordán, que permite la exportación de productos vía Jordania. Sólo se abre ocho horas al día entre semana, los viernes solo dos horas y los sábados está cerrado. El Aeropuerto de Lod funciona las 24 horas del día para las exportaciones israelíes, informa el palestino. Cuando nos quejamos, los militares dicen que quieren ayudar pero en realidad nos dan largas". Los responsables de la zona franca negocian con la administración civil israelí [1] desde hace dos años una mayor apertura en los horarios de la frontera del puente. Pero nada cambia. "Todo depende de la voluntad de Israel. Nuestros productos se pudren en su puerto de Ashdod porque los israelíes no emiten las autorizaciones de exportación". 


Barreras administrativas
Otro de los responsables palestinos de la zona franca se queja de que los israelíes multiplican los obstáculos administrativos: "Si los europeos y los japoneses no presionan más a Israel buena parte de sus inversiones se perderán", señala. Amleh concluye: "La verdad es que como nosotros no controlamos nuestras fronteras, los israelíes pueden seguir estrangulando nuestra economía. Los acompañantes de la delegación de la UE en Palestina escuchan sin decir nada. Una vez fuera, uno de sus miembros nos dice en un aparte: "Los israelíes no quieren negociaciones para una solución política a la cuestión palestina. Pero Netanyahu ha evocado con frecuencia una paz económica. Sin embargo, aún así hacen todo lo posible para evitarla multiplicando los bloqueos burocráticos. Entonces, ¿qué es lo que quieren exactamente?"
Esta recriminación entre los miembros de la delegación sobre las barreras administrativas levantadas por las fuerzas de ocupación israelíes para el desarrollo de Palestina las escucharemos como un mantra permanente a lo largo de toda la visita. En Tubas, al norte de Nablús, la UE financia una planta de tratamiento de aguas residuales para reutilizarlas en la agricultura. Su coste es de 18 millones de euros y su inauguración está prevista para enero de 2018. Un hecho en Palestina más sensible que la falta de agua es que Israel controla todas las capas freáticas. El proyecto de los tanques de aguas residuales ilustra las consecuencias de la bantustanización aplicada por la ocupación israelí. Los tanques fueron instalados en la zona A para evitar algunas de las barreras administrativas. Pero como señala Tael Ali Ahmed, funcionario local palestino, el área de donde salen los camiones que traen los materiales de construcción a 30 metros de los tanques se encuentra en la zona C, donde los permisos son obligatorios. De allí las incesantes pegas administrativas. "Cualquier soldado que venga puede impedir el acceso de los camiones y detener los trabajos".
El personal de la UE admiten que las autoridades israelíes "exigen diez veces la presentación del mismo documento" y que "inmovilizan los camiones sin explicación". "Un día el ejército destruyó 3 kilómetros de tuberías, nos contaba un ingeniero. Luego nos dijeron que se debió a una iniciativa equivocada, no a una orden". Tael Ali Ahmed añade: "Cuando se trata de agua, los israelíes consideran que todo Cisjordania es zona C. Aquí hay bombas de agua importadas que el ejército ha bloqueado durante dos años. No se pueden excavar pozos sin la aprobación de una "comisión conjunta" israelo-palestina en la que los israelíes tiene derecho de veto. De todos modos, no se ha reunido desde 2012. [Los israelíes] llegaron con sus proyectos de abastecimiento de agua para los asentamientos y nos pidieron que los validáramos... Ya no los hemos visto más". El ejército israelí, según él, pretende hacer bien difícil la vida de la gente para que se vayan. Sin embargo, asegura, "nuestro proyecto va a ir hasta el final a pesar de todas las dificultades". 


Mil millones de euros anuales de financiación europea
La UE gasta 310 millones de euros al año en apoyo a Palestina: el 45% se destina a pagar los sueldos de los dirigentes y funcionarios de la AP, el 45% a los servicios públicos (abastecimiento de agua, escuelas, hospitales, etc.), y el 10% a proyectos que no son públicos (principalmente culturales y humanitarios). Además, la UE paga 110 millones de dólares anualmente a la Agencia de Socorro para los Refugiados de Palestina (UNRWA). En total, con las aportaciones individuales de varios países europeos (Francia encabeza la ayuda en el sector de la energía, los Países Bajos el de la justicia, y Bélgica el de la educación) la contribución de la UE llega a alrededor de mil millones de euros al año. En comparación, el maná estadounidense a Palestina alcanza los 600 millones de dólares anuales, de los cuales más de la mitad se destinan a financiar la "seguridad" (formación y mantenimiento de la policía y de los servicios de inteligencia palestinos).
Aunque el objetivo del viaje de los periodistas no era económico, la UE también organizó encuentros con los beneficiarios de la ayuda humanitaria. En Jirbet Abdallah Yunis, al noroeste de Yenin, la UE ayuda a un pueblo palestino enclaustrado entre la Línea Verde (la frontera de 1967 que Israel prohibe cruzar a sus 200 habitantes) y el "muro de protección" israelí, que deja a sus propias tierras y a Cisjordania en su conjunto fuera de su alcance. Aquí es imposible obtener un permiso de construcción. De ahí que el sinnúmero de construcciones palestinas "sin permiso" sean destruidas de inmediato por los israelíes. En el pueblo de Jirbet Abdallah Yunis, hay pendientes de ejecución 88 órdenes de demolición para edificios "ilegales". En 2014 se presentó un proyecto de desarrollo de la comunidad que incluye una escuela a la que viene un maestro a diario, y un centro médico al que viene un doctor una vez por semana. En lugar de esperar a una autorización que sabían nunca llegaría, los aldeanos informaron al ejército de que si no obtenían respuesta en un plazo de 18 meses iniciarían las obras. El proyecto era beneficiario de la ayuda de la UE y del Programa de Naciones Unidas para Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat). Los israelíes han dejado hacer reservándose la opción de destruir estos edificios "ilegales" si lo consideran conveniente. Ahmad al Atrash, que diseñó el proyecto para ONU-Hábitat, espera que no suceda. "La verdad es que están contentos, dice, porque estamos contribuyendo a mantener la calma". Una estadística: de los 112 proyectos de desarrollo de comunidades en aldeas presentados en la zona C en 23 años, el ejército israelí solo ha aprobado seis. "Y encima, con restricciones", confirma un portavoz local, Naïm Nubani. 


"Enfrentarse a los bulldozers"
En Jirbet Tana, cerca de Nablus, el organismo europeo de ayuda humanitaria y protección civil ECHO trabaja con la ONG Primer Socorro Internacional en el apoyo a una comunidad de pastores palestinos sedentarizados que desde 2005 ha padecido la ejecución de 13 órdenes de demolición de casas, la última el 13 de enero de 2017. Aquí viven 45 familias de pastores en chozas de madera contrachapada (destruidas regularmente por el ocupante) en un territorio decretado por Israel como zona de maniobras militares. "Nunca hemos visto maniobra militar alguna", nos asegura ECHO. Sin embargo, alrededor se extienden cuatro asentamientos israelíes. Obviamente, el reto es desalojar a la población árabe que habita allí". Los europeos describen el proceso: 

a) se expropia a los pastores de su tierra;
b) se les niega cualquier autorización;
c) se corta el acceso a los servicios públicos (agua, saneamiento, etc.);
d) se permitir que los colonos realicen incesantes incursiones "de castigo" ("en verano vienen a bañarse al único pozo que tenemos", se queja un pastor). 

Al final, la gente se rinde. "Desde 2005 se han destruido más de 300 casas unifamiliares y estructuras de servicios. Sin la UE, los pastores ya se habrían ido" dice un miembro del organismo europeo. Las pérdidas totales de la UE en 2016 en la aldea de Jirbet Tana alcanzan los 216.000 euros. Cuando se levantó la escuela –dos habitaciones pequeñas en un barracón temporal de chapa– venían a las clases 17 niños y niñas. "Ya se ha destruido tres veces", señala un miembro de ECHO que confesaba tener la sensación de "luchar contra un bulldozer continuamente". En un folleto explicativo, ECHO denuncia un "propósito declarado de traslado forzoso" del pueblo palestino llevado a cabo por las autoridades israelíes "al menos en 46 zonas habitadas" de la zona C.
Estos hallazgos y otros similares descubiertos por los agentes europeos sobre el terreno los hemos escuchado reiteradamente durante todo el viaje: en Jerusalén Oriental y en sus alrededores, donde hemos podido constatar la realidad de la "judaización" forzada de la ciudad, en Belén, en el campamento de refugiados de Ayda (6.000 habitantes) o en la zona H2 de Hebrón, donde 750 colonos conocidos por su extrema violencia han logrado expulsar, con la protección del ejército israelí, a 20.000 residentes palestinos de sus hogares en el denominado "barrio judío", y en más lugares visitados. Y al mismo tiempo, hemos sido testigos de cómo cooperantes y muchos diplomáticos europeos (estos de manera discreta y siempre anónima), se preguntan sobre el sentido de su intervención. Cuestionamiento que se agrava por la impresión de que los informes que envían a sus países o a la Comisión Europea sobre la realidad de Palestina se abandonan en el fondo de un cajón. Un diplomático juzgó en privado que "la actitud de la señora Mogherini [2] sobre la cuestión palestino-israelí es la ceguera voluntaria". 


Un "pueblo Potemkine"
"A menudo me pregunto si en última instancia no somos más que un engranaje de la maquinaria incesante que opera para fortalecer la presencia israelí en los territorios palestinos. Ciertamente, aquí y allá evitamos algunos daños, a veces tenemos algunos éxitos, pero en general, ¿no estamos contribuyendo en buena medida a mantener la ficción de una Autoridad Palestina que en realidad no tiene ningún poder y permitiendo a Israel que haga lo que le plazca?" Así se expresaba abiertamente un empleado de la delegación de la UE en Palestina. Un diplomático de un país con presencia consular en Cisjordania abundaba en lo mismo: "Nosotros, los europeos seguimos luchando para preservar los Acuerdos de Oslo. Pero ahora los israelíes dicen que en la zona C de Oslo pueden hacer lo que quieran. Y se niegan a discutir sobre el tema. Por lo tanto, me pregunto si estoy contribuyendo a la creación de un futuro Estado palestino que cada día hacen más inviable, o al mantenimiento de la ocupación". Esta pregunta que le tortura diariamente, agrega, solo la responderá el futuro. "Si se crea un Estado palestino, habremos contribuido a ello. Si se trata de lo contrario, habremos facilitado creer una ficción y habremos financiado la ocupación". Porque, recuerda el diplomático, el apoyo financiero europeo a los palestinos permite a Israel ignorar las muchas obligaciones que le corresponden como potencia ocupante en el marco del derecho internacional. Sin la AP y sin los fondos europeos y estadounidenses, Israel tendría que pagar la mayor parte de los servicios prestados por la AP y por su personal.
A título individual, algunos de estos funcionarios y diplomáticos europeos expresan un discurso más desengañado todavía que evoca la política israelí del "pueblo Potemkim" (la simulación con fines de propaganda), de la que se sirven sólo para preservar la ilusión de una normalidad ficticia. "En realidad –nos indica un interlocutor europeo– los israelíes no quieren resolver nada más allá de su propia seguridad . Antes bien, Israel espera que el empeoramiento provoque la rendición de más y más palestinos y con ella, su éxodo, para extender gradualmente su control sobre todo Cisjordania. Hasta el momento esta política ha sido eficaz". Al igual que todos los demás, habla de forma anónima. Pero, ¿qué pasaría si dijeran públicamente lo que piensan? "Me despedirían de forma expeditiva". 

Desde los Acuerdos de Oslo Cisjordania se divide en tres zonas:
- Zona A: abarca aproximadamente el 20% del territorio, las grandes ciudades y su entorno urbano más próximo, y contiene el 54% de la población. Según los Acuerdos, la Autoridad Palestina es supuestamente beneficiaria para ejercer el poder civil y la seguridad completa, aunque desde la segunda Intifada en 2001, las fuerzas israelíes penetran la zona a su antojo e imponen su voluntad;
- Zona B: incluye las ciudades medianas y pequeñas, además de algunos pueblos. Representa aproximadamente el 20% del territorio y contiene el 41% de la población. La Autoridad Palestina ejerce el control civil y el ejército israelí el control de la seguridad;
- Zona C: abarca aproximadamente el 60% de la tierra y contiene el 5% de la población palestina. Israel mantiene un control completo, tanto militar como civil .
Las Zonas A y B están a su vez divididas en 469 unidades territoriales separadas –los "confetis" como se las denomina localmente–, todas ellas rodeadas de la zona C, la única que tiene "continuidad territorial". No se puede acceder de una parte de las zonas A o B a otra sin pasar por un control militar israelí. 


 Notas:
1.- La "administración civil" israelí es el nombre dado a las autoridades militares de ocupación que se encargan de la población civil palestina.
2.- Federica Mogherini es la actual jefa de la diplomacia europea.

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de espetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.