jueves, 8 de noviembre de 2018

Los palestinos son tan dignos como los hijos de los sobrevivientes del Holocausto



Mondoweiss

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

 
Una familia palestina retrocede en el campamento de la Gran Marcha del Retorno después de que soldados israelíes dispararan contra la gente. (Foto: Mahmoud Abusalama)
Los reclamos legítimos de los palestinos continúan siendo silenciados a costa de sostener los mitos de Israel de ser el refugio seguro para los judíos del mundo y una democracia con el ejército más moral del mundo. Como si no fuésemos tan dignos de libertad, seguridad, justicia y dignidad como los hijos de los sobrevivientes del Holocausto.
Mientras escribo esto, recuerdo las muchas veces que tuve que sentarme en una sala donde los europeos discutían su profunda culpa por las atrocidades cometidas contra sus comunidades judías. Recuerdo los muchos momentos profundamente dolorosos en los que me sentí completamente invisible durante las discusiones sobre el racismo, el colonialismo, la justicia social y los derechos de los refugiados y migrantes; el latido acelerado de mi corazón que me invadió mientras innumerables recuerdos de terror y dolor afloraba; silenciaba un grito que buscaba desesperadamente una respuesta: ¿por qué no se siente culpa por nosotros cuando los países europeos alimentan y permiten más terrorismo israelí contra los palestinos? ¿O no contamos como personas? ¿Qué hay del problema de refugiados más antiguo de los palestinos en nuestra historia moderna?
Desearía poder sacudir la conciencia de las personas y enfrentarlas con un siglo de complicidad que, si reconocieran, tendrían un sentimiento de culpa abrumadora por los palestinos. La situación fue, es y seguirá siendo sombría hasta que se persiga una acción concreta para detener (no aliviar) estas graves injusticias que ocurren a la luz del día ante los ojos de todo el mundo desde hace 70 años de ocupación colonial israelí y apartheid.
Hasta entonces los perseguirán los deseos insatisfechos de nuestros abuelos que murieron mientras se aferraban hasta su último aliento a su derecho de regresar. Las vidas de los muchos pacientes que murieron a causa de una enfermedad menor debido a que barreras y puestos de control cerrados los perseguirán. Los sueños de nuestros hijos. Los gritos de las madres palestinas. Los años robados de nuestros presos políticos. Las fotos de todas nuestras víctimas, jóvenes y mayores. Las gotas de sangre que derramaron todas y cada una de las personas heridas. Las extremidades amputadas. Los olivos arrancados. Las casas demolidas. Los recuerdos conservados en cada uno de sus rincones. Las tierras desiertas. Los ojos insomnes que tanto esperaban un amanecer de libertad. Los cuerpos ejecutados que se dejaron sangrando hasta que quedaron vacíos de sangre. El cuerpo sin vida de Malak Rabah Abu Jazar, una niña palestina de Gaza a quien las olas del mar empujaron a las costas turcas después de un escape fallido de la prisión al aire libre de Gaza hacia una vida más segura. Todo esto les perseguirá e ignorarlo es nuestro peligro.
A lo largo de la valla de separación de Gaza, multitud de manifestantes aún se enfrentan a francotiradores israelíes que se esconden detrás de montículos de arena y en sus jeeps militares, avanzando y retrocediendo según el nivel de fuerza letal que Israel utiliza contra ellos. La Gran Marcha del Retorno continúa por su séptimo mes, con el campo repetidamente convertido en un traumático escenario de derramamiento de sangre y represión, todo documentado por noticias locales y personas en el terreno que quieren recordar al mundo las horribles injusticias que los palestinos soportan y presionan por un acción que podría llevarlo a su fin.
Mientras estas atrocidades continúan con impunidad, el discurso dominante de los medios de comunicación occidentales está convirtiendo estos horrendos eventos en un espectáculo que desvía la atención de la realidad injusta de que los palestinos viven sometidos a Israel y sus legítimos reclamos, y aún comienzan cada informe de noticias con una declaración militar israelí que justifica sus crímenes. Si los medios de comunicación lograron desensibilizarlo, solo recuerde que si acumula las lágrimas de todas las familias que están sufriendo, al menos un miembro muerto, mutilado o tirado en el mar, o encarcelado, esas inundaciones de lágrimas enterrarían la tierra debajo del mar.
A pesar de este proceso de deshumanización, demonización y pacificación de larga data y en curso, y la consiguiente intensificación de la represión israelí, los manifestantes no son disuadidos de regresar a la cerca. Para ellos, las opciones permanecen entre un infierno viviente o una muerte digna. Están desesperados para que el mundo sea testigo de la criminalidad de Israel. Expresan la urgencia de una solución política que no se limite a los contornos de Gaza y el levantamiento del sitio, de ahí la demanda del derecho de retorno.
Los palestinos también piden un liderazgo palestino competente que se base en esta inspiradora resistencia y sacrificio popular. Les piden que corrijan el camino que los acuerdos de paz de Oslo de 1993 marcaron con divisiones internas y la marginación de los problemas de la columna vertebral de nuestra lucha anticolonial por la autonomía delirante sobre los territorios con estructura de bantustanes (y el cual, en realidad, sirve a la ocupación israelí).
Los palestinos se sacrifican para recordar a los actores internos y externos que nuestra lucha anticolonial tiene que ver con la liberación, no con la independencia. Esta fue, es y seguirá siendo la naturaleza de nuestra lucha a pesar de las manos condenatorias que intentan redefinirla y distorsionarla.
Shahd Abusalama es estudiante de doctorado en cine palestino en la Universidad Sheffield Hallam, nacida y criada en el campo de refugiados de Jabalia, en el norte de Gaza, Palestina. Es una artista, activista, autora de Palestine del blog My Eyes y cofundadora de Hawiyya Dance Company, con sede en Londres. Twitter @ShahdAbusalama .
Fuente: https://mondoweiss.net/2018/10/palestinians-holocaust-survivors/
Esta traducción  se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

martes, 30 de enero de 2018

Qué significa ser israelí hoy

¿Bendición o colosal maldición?


Middle East Eye

Traducción para Rebelión de María Landi


Cuando dejé Israel, hace 10 años, los medios aún no estaban saturados de esa agresividad contumaz hacia todo lo palestino. Todavía se podía oír, aquí y allá, algunas voces de disidencia.
Hoy, la tarea de ver o escuchar un programa de noticias se ha vuelto insoportable. Todos los periodistas israelíes, casi sin excepción, han asumido la tarea de defender la patria, con pasión y furia.
El periodismo decente casi ha desaparecido. Algunos piden explícitamente la matanza indiscriminada de los manifestantes palestinos, mientras −en la prensa escrita− otros han incluso alentado a los soldados israelíes a violar a las adolescentes palestinas.
Sionismo y Holocausto
Huelga decir que no se procesa ni se interroga a ningún periodista israelí por su incitación a la violencia. Los medios israelíes, con certeza, no son una burbuja de ira en medio de una sociedad amorosa: se hacen eco de las demás esferas sociales.
Me he preguntado hasta qué punto el sionismo es comparable, en términos de su impacto catastrófico sobre el pueblo judío, con el Holocausto. En los tiempos modernos, nada ha influido más en la vida judía que estos dos fenómenos.
Aquí no estoy reflexionando sobre la terrible situación existencial que el sionismo ha creado para la población palestina, sino sobre cómo, en el proceso de creación y mantenimiento de tal estado de cosas, las vidas de los israelíes han sido moldeadas; y, en términos más generales, cómo la identidad judía ha sido afectada.
No deberíamos asumir que todo lo que ganan los israelíes por sus acciones de colonización de Palestina es lucro y privilegio. La pregunta a la que me refiero es: ¿qué clase de ser humano se puede formar a lo largo de una vida repleta de actos de opresión y robo organizados?
La "respuesta judía" que el sionismo ha estado produciendo laboriosamente a lo largo de los últimos cien años corrompe las almas de quienes la practican y la apoyan. En el proyecto de despojo del pueblo palestino, los israelíes se han moldeado a sí mismos como saqueadores.
En todo el mundo, el puño del sionismo ha terminado persiguiendo de nuevas formas a las personas judías. Desde las comunidades judías en la diáspora que enfrentan un tipo de antisemitismo que es una mezcla confusa de antiguos impulsos raciales y religiosos, condimentados con una condena a Israel por su salvajismo, hasta otra forma de judaísmo que está extremadamente perturbado por la penosa admiración de la extrema derecha por Israel.
No obstante, para borrar cualquier duda, mis pensamientos aquí no derivan de, ni reclaman, ningún tipo de equivalencia en sufrimiento y victimización entre colonizadores y colonizados, entre colonos y nativos. Es más bien la patología del opresor la que estoy analizando.
Opresores activos
Desde el momento de su nacimiento, los israelíes están entrenados para convertirse en opresores activos. Convertirse en soldado es un momento crucial en este entrenamiento, pero no el único. En la sociedad israelí, la definición de ‘buenos padres’ significa aquellos que sacrifican a su descendencia en alma y cuerpo, mientras los y las docentes contribuyen al adoctrinamiento formal cotidiano.
En un sistema que te equipa con las artes de la violencia física y política como contrapunto del privilegio y el placer, uno está destinado a convertirse en un opresor bien dispuesto.
Desde el punto de vista del pueblo oprimido, la diversidad racial, étnica, religiosa o de género del opresor no tiene importancia, en tanto sirve a una causa común. No importa por qué las y los judíos israelíes de diferentes colores y condiciones han adoptado esa causa común, o cuán gratificados se sienten con su parte de la recompensa.
Ideología, pragmatismo, o simplemente inercia; el resultado es el mismo: las personas judías israelíes comparten una tragedia, y han infectado a sus hermanos y hermanas de la diáspora con ella. Es la tragedia de un pueblo que ha encarnado el odio como una condición de vida; en carne y hueso, en la práctica, en el sentimiento y el pensamiento.
Y como una colosal maldición divina, esa tragedia no se combate, sino que se celebra.
En tiempos catastróficos, la primera pregunta importante es: cómo sanar. La monstruosidad del Holocausto judío no diezmó todos los recursos emocionales. Algunas personas judías en el mundo, a partir de sus espantosas experiencias en Europa, construyeron un lugar de amor universal. Al hacerlo, le han dado al mundo un legado: hemos sobrevivido al Holocausto y hemos superado el odio que lo impregnaba.
Pero Israel no lo hizo.
¿Una maldición o una bendición?
El sionismo se ha apropiado del Holocausto judío y lo ha convertido en una excusa para la violencia judía; y los israelíes, al abrazar su propia catástrofe a través de una vida dedicada a la práctica de la opresión, están renunciando a liberarse de esa tragedia.
En otras palabras, la maldición se ha convertido en una bendición.
Por lo tanto, no hay una negación de lo que se está haciendo en nombre de Sión, como algunos sostienen. Afirmar que los israelíes viven en la negación sobre el horror de sus acciones no significa simplemente renunciar a la idea de que el sionismo es un proyecto decente que, en algún momento, salió mal, y que debe reconocerse el error −como si ese reconocimiento consciente fuera el único impedimento en el camino para transformar la realidad.
La verdad tiene que ser dicha en voz alta: en la constitución práctica del sionismo en Palestina, todo estuvo mal. Desde hace mucho tiempo, la aniquilación de la existencia palestina ha sido interiorizada como una condición del progreso judío. Dos que son uno.
¿Cómo se libera un pueblo de los placeres de la opresión? Paso a paso, abandonando los roles, funciones y beneficios que se le brindan en el proceso de convertirse en israelí.
Las prácticas sionistas deben ser eliminadas de nuestro menú social. Realmente no hay otra manera. Contra los intentos de la sociedad de mantenerte dentro de sus filas, uno debe perseverar en este largo trabajo.
Pero uno nunca está solo, ya que los pioneros están por ahí. Junto a la ardua lucha que lidera el pueblo palestino, dejar atrás las prácticas y modos de existencia que han convertido a los israelíes en los campeones mundiales de la opresión, es lo menos que se puede hacer para contribuir a la liberación de todos los pueblos que viven desde el río hasta el mar.




*Marcelo Svirsky es catedrático de la Facultad de Humanidades e Investigación Social de la Universidad de Wollongong, Australia. Investiga las sociedades de asentamiento de colonos, particularmente Israel-Palestina, y se centra en cuestiones de transformación social y descolonización.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Soldados israelíes: comportamientos individuales y colectivos

Ahed Tamimi (16 años)


Élisabeth Roudinesco, psicoanalista e historiadora, famosa y muy bien conceptuada por la opinión progresista que estima su matizada posición sobre la cuestión israelo-sionista, ha incursionado en cuestiones como la ética, la política, la ideología, territorios en los que ha abordado el concepto que desarrollara la extraordinaria filósofa, de pensamiento independiente, Hanna Arendt, de “la banalidad del mal”.Roudinesco no ha apelado ni una sola vez, hasta donde conozco,1 para ejemplificar el asunto, al soldado israelí.
Ver sus rostros, generalmente muy jóvenes, impávidos, y tan faltos de decisión y energía, revela cuerpos regimentados, instruidos, instrumentalizados, pero sin fuerza interior. Uno podría alegrarse al ver que no son cuerpos fanatizados, ésos que arrasan lo que tienen orden de arrasar sin atender “lateralidades”.
Sin embargo, hacen el mal con total desaprensión. ¿Con qué “fundamentos”?
Pasemos revista a algunos videos que se ven a partir de acceder a Haaretz, diario israelí ligeramente crítico, aunque sionista. En un procedimiento, que filma o fotografía un varón de media edad que luce una remera con la leyenda “Palestina, no Israel”, probablemente judío, tal vez israelí, porque parecen hablar fluidamente el mismo idioma con el soldado con el que discute; el soldado israelí que parece llevar la voz cantante –uno imagina que es cabo o sargento− manotea el celular del manifestante protestatario, y éste con redoblada energía, sin soltar el celular que tenía a medias en su mano, se lo queda. El soldado acepta. El soldado parece sin fuerzas.
El manifestante es poco a poco rodeado por cuatro o cinco soldados, muy pertrechados y, entre empujones, finalmente se lo llevan arrestado.
En otro video, también filmado por palestinos, vemos a un manifestante, presumiblemente palestino, muy enojado y cuando un soldado blande el fusil para golpearlo, él desvía el golpe. El soldado acepta el desvío. No hay reintento. Parecería que toda su fuerza alcanzaba solo para ese intento frustrado. El manifestante, robusto, cincuentón, esquiva otros golpes, y puntualiza, índice en alto, sin ceder un palmo de terreno. Cuando algún soldado le tira un golpe, más de una vez lo para con las manos y se le acerca al cuerpo en actitud muy desafiante, amenazando a su vez golpearlo. Este presumible palestino −como el anterior presumible judío− enfrentan con mucha decisión y poniendo puntos sobre íes, algo que la cámara y el audio no develan. En esta secuencia también, el número de soldados se acrecienta, y cuando lo rodean alrededor de media docena, alguien desde afuera del círculo lo golpea duramente en la cabeza. Allí vemos que el resistente pierde su gorra de visera, se agacha, lo aplastan y es tumbado con la fuerza del número. Menudean los golpes y alguno patea el cuerpo caído.
Una típica escena de patoterismo. Más brutal que la anterior. La diferencia de trato hacia judíos y no judíos. En rigor revela un desánimo radical o una profunda cobardía puesto que estos soldados no pudieron/supieron/quisieron resolver algo mano a mano, pero amparados en la condición militar, las armas y el número no tuvieron reparos en usar la violencia, una violencia tìpicamente represiva. El palestino queda mordiendo literalmente el polvo del camino, con las manos atadas a la espalda con precintos, totalmente indefenso. Todo lo cual nos revela que no eran gandhianos, como cierta tranquilidad o aquella impavidez inicial podría habernos inducido a pensar.

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RECUADRO
Israeli Army arrests Palestinian Teenager Girl who slapped soldie...
https://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.830229
[El ejército israelí arresta adolescente palestina que abofeteó soldad…]
[mi traducción]
Una chica adolescente de 16 años fue arrestada en mitad de la noche por el ejército de Israel. Ahed Tamimi, conocida militante palestina que en un video viralizado muestra como cachetea y patea a dos soldados.
Los militares afirman que antes de que se filmara ese video, un palestino le tiró piedras a soldados desde dentro de una casa, que allanaron para llevárselo.
Pero el padre de Ahed tiene otra versión de lo acontecido. En un mensaje de Facebook dijo que su hija frenó en la puerta de su casa a un soldado cuando un soldado [¿el mismo?] le disparó a un jovencito a quemarropa en la cabeza.
(ibídem)
Tras el arresto, el ministro de Educación [sic] israelí Naftali Bennet dijo −con una sonrisa que no puede menos que calificarse de malévola, sádica o de placer por la desgracia ajena− que: “las mujeres mostradas cuando asaltaban a los soldados habrán de pasar el resto de sus días en prisión".
La explicación del padre permite entender la indignación que trasunta la conducta de Ahed. El baleado en la cabeza es hermano o primo. En los últimos días de diciembre de 2017, los soldados sionistas han matado con balazos en la cabeza a por lo menos tres palestinos –uno de ellos lisiado en silla de ruedas y como los demás desarmado−; no sabemos si este chico no resultará el cuarto…
Vale completar a Haaretz aclarando que el ejército volvió en la madrugada y se llevó prisioneras a la adolescente y a su madre.
Con ese procedimiento realizado, quien ocupa la cartera Israelí de Educación se ha permitido condenar y fijar la pena no sólo a las perseguidas y maltratadas palestinas sino al mismo aparato judicial israelí, que ya sabemos carece por completo de independencia 2 por la razón del artillero; que el EdI constituye un estado de guerra.
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Otro diálogo (ibídem) captado durante un enfrentamiento en los caminos en disputa, nos muestra otro aspecto de la configuración mental del Ejército orweliano de “Defensa” de Israel.
Vemos a un soldado que les pide –“please, que abandonen este sitio, porque estar aquí es ilegal”. Se trata de una pequeña manifestación de palestinos con banderas a lo largo de un camino, donde hay apostados varios militares y vehículos del mismo tipo.
Y oímos la voz de un veterano palestino que replica: “−Pero es que esto no es Israel, es Palestina”.
Pocas veces resuena tan claramente la diferencia entre la enseñanza del estado sionista y la cruda verdad histórica.
Se trata de un territorio, Cisjordania, que ni siquiera fue el asignado por la ONU al estado sionista, cuando la ONU cedió al interés geopolítico de EE.UU.
Los militares israelíes están entrenados para operar en un mundo de amos y esclavos. Ellos, por supuesto, los amos. Ese comportamiento tiene que estar fuertemente ideologizado.3 Y banalizado.

Notas
1  A las vueltas con la cuestión judía, Editorial Anagrama, Barcelona, 2011.
2  Nafatli Bennet forma parte del gabinete de Benyamin Netanyahu, caracterizado por estar compuesto por alegres asesinos de palestinos, expresamente asumidos como tales y obviamente impunes. Bennet, por ejemplo, ha explicado que ha matado a multitud de palestinos y que “no hay problema con eso” (fte.: R. Silverstein, “El gobierno más racista y extremista de la historia de Israel”).
3  Nurit Peled, docente judía, ha examinado los textos de las escuelas israelíes, Palestina en los textos escolares de Israel, y queda clara la diferencia de humanidad entre judíos y el resto, visualizado como falto de tal (Editorial Canaán, Buenos Aires, 2017).

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Antisemitismo, el Holocausto y Palestina



Gilad.co.uk

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Una declaración de Gilad Atzmon en el Babylon Theater de Berlin

En los últimos días, antes de la ceremonia de entrega de los premios humanitarios de la Nueva Gaceta Renana, como a Ken (FM) Jebsen y otros, he estado sometido a una campaña de difamación insana. Nada de eso fue comprobado. Eran citas fabricadas: me llamaron "negador del Holocausto" y "relativista del Holocausto". Sin embargo ni una sola referencia genuina se hizo a mis escritos o charlas. En mi trabajo critico la reducción del Holocausto a una religión cruda, un dogma intolerante. En mi escrito protesto contra todas las leyes de la historia (las leyes de la Nakba, leyes del genocidio armenio, leyes del Holocausto, etc.) La historia para mí es el intento de narrar el pasado a medida que avanzamos. Como tal, debe mantenerse como un discurso dinámico, sujeto a cambios y revisiones constantes, incluso si este cambio resulta ligeramente incómodo. Para mí la historia es un mensaje ético: solo cuando revisemos el pasado podremos, una vez más, reconsiderar nuestro futuro y nuestro destino.
En los últimos días algunos de los medios de comunicación alemanes me llamaron "antisemita". ¿Lo soy? ¿Alguna vez he criticado a alguien, incluidos los judíos, como "pueblo", como "raza", como "biología" o como "etnia"? Nunca. Mi trabajo es antirracista. He dedicado toda mi vida adulta a luchar contra el racismo a través de mi música, mis escritos y mis actuaciones. Me opongo a todas las formas de política con orientación biológica: blanca, negra, de género y judía. En cambio estoy buscando lo que une a los humanos. En mis escritos y conferencias hago una clara distinción entre los judíos (las personas) a quienes nunca critico, el judaísmo (la religión) que raramente trato y el judaísmo Estado (la ideología, la política y la cultura). En mi trabajo me enfoco en el último: la ideología, la política y la cultura, asumiendo que todos estamos de acuerdo en que esto (ideología, política y cultura) debe ser susceptible de crítica.
Pero si quieren hablar sobre la negación del Holocausto diré algo sobre la negación. Negar a los intelectuales, autores y artistas el derecho de expresar sus puntos de vista abiertamente es donde comienza el fascismo. Lo que vi en Alemania en los últimos días me sugiere que algunos segmentos dentro de su sociedad realmente no aprendieron nada de la historia de su país. Negar el Holocausto es negar su significado, apartar los ojos cuando ves el mal, dejar que tu corazón se enfríe cuando tú mismo participas en el mal o celebras el odio. Negar el Holocausto es no abordar su propia incapacidad para tolerar a los demás y la “otredad”. Es más doloroso para mí ver a Alemania yendo ciegamente a la misma trampa solo siete décadas después de la liberación de Auschwitz.
Pero me gustaría agregar una línea más sobre Palestina. Algunos alemanes dicen estar atormentados por su pasado, por las atrocidades del Tercer Reich. Si este es realmente el caso, permítanme recordarles un hecho simple pero embarazoso: los palestinos son las últimas víctimas de Hitler.
Fue el alcance de la Shoah que brindó apoyo al sionismo y condujo a la formación del Estado judío en Palestina. Pero son los inocentes palestinos quienes, durante las últimas siete décadas, han estado pagando el precio de los crímenes cometidos por los europeos.
¡Si te sientes culpable por Hitler, representa a Palestina y los palestinos!

Fuente: http://www.gilad.co.uk/writings/2017/12/16/antisemitism-the-holocaust-and-palestine

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.