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Traducido del inglés para Rebelión por J. M. |
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Muro de separación, Enzo Apicella |
Los resultados de las elecciones
israelíes del martes han confirmado lo que muchos de nosotros hemos
sabido desde hace mucho tiempo. El Estado judío es un pantano de
nacionalistas de ultraderecha. Israel está más fanático que nunca.
No hay un solo partido judío israelí de izquierda. El Partido
Demócrata es dirigido y asesorado por un criminal de guerra. Lo que
queda del Partido Laborista de Israel tiene muy poco que ver con la
paz, la armonía y la reconciliación. De hecho, ese partido también
está dirigido por una persona buscada por crímenes de guerra.
Tal como están las cosas, aunque el
bloque religioso de derecha de Bibi se ha reducido, Israel está más
derechista que nunca. El primer ministro israelí con más años de
servicio no puede formar su ilegítima coalición religiosa de
derecha. La mayoría de los comentaristas israelíes están de
acuerdo en que la única forma de salir del estancamiento político
actual es con un amplio gobierno ultranacionalista dirigido por
Likud, Azul y Banco y otros. Tal coalición será negociada en los
próximos días por el rabioso fanático nacionalista Avigdor
Lieberman, que hábilmente se convirtió en el que pone al rey de
Israel.
Si bien Netanyahu ha demostrado ser
bastante cauteloso en su despliegue de las vastas fuerzas militares
de Israel, tenemos buenas razones para creer que una coalición
liderada por Azul y Banco y sus generales del ejército, Lieberman y
Netanyahu, puede ser menos experta en tales maniobras. Los
componentes del próximo gobierno de Israel están destinados a
competir entre ellos por el título de "señor seguridad".
Estarán decididos a restablecer el "poder de disuasión"
israelí desaparecido hace mucho tiempo y, presumiblemente,
presionarán por medidas cuestionables que probablemente llevarán a
la región a la carnicería.
Esto fue escrito en la pared hace algún
tiempo. Israel, que nació para emancipar a los judíos de las
condiciones de la diáspora, para reemplazar el gueto judío y
erradicar la mentalidad del gueto, no solo falló en su misión: ha
madurado en el epítome de un gueto. Se ha rodeado de enormes paredes
de gueto. Odia a sus vecinos y, como era de esperar, no es amado a
cambio.
El gueto judío en la costa palestina
se asemeja, en muchos niveles, a su antepasado de Europa del Este.
Los judíos de Israel están unidos por sus sentimientos hostiles
hacia sus vecinos, aunque están en total desacuerdo entre ellos
sobre casi todo lo demás. Una vez más me viene a la mente la vieja
broma yiddish: “¿Cuántas sinagogas necesitas en una aldea con un
solo judío? Dos, una para ir y otra para boicotearla”. Los judíos
se definen no solo por lo que son o por lo que creen ser, sino
también por lo que odian o afirman oponerse.
Israel no está preocupado por su
incumplimiento de la temprana promesa sionista de "civilizar"
a los judíos mediante un "regreso a casa" para convertirse
en "personas como todas las demás personas". Durante más
de tres décadas, Israel se ha definido como el Estado judío. Israel
no es un Estado de sus ciudadanos. Israel es el Estado de los judíos,
tanto israelíes como de la diáspora. Israel es un Estado que hace
cumplir las leyes raciales y ha institucionalizado la discriminación
contra el pueblo de la tierra, los palestinos.
A diferencia de los judíos israelíes
que están divididos en su política, los palestinos están más
unidos que nunca y no solo en Gaza. Una vez más, la Lista Conjunta
Árabe es el tercer partido más grande de la Knéset. Si Likud y
Azul y Blanco logran formar un gobierno de unidad nacional, el
partido árabe liderará la oposición en la Knéset. El partido
árabe no solo unió a los palestinos en Israel, también es el único
partido de izquierda en el Parlamento israelí. Se ha dicho que el
partido se expandió electoralmente el martes porque los muy pocos
judíos israelíes que se adhieren a los valores universales de
izquierda dieron sus votos al partido árabe. Es más que simbólico
que la única fuerza política humana y universal en el gueto israelí
sea un partido palestino.
Esta traducción se puede reproducir
libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al
autor, a la traductora y Rebelión.org como fuente de la traducción.